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33_Tormenta de espadas_Samwell II

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  —No —rugió—. No te sentarás. Nadie que me llame tacaño duerme bajo mi techo ni come de mi mesa. Fuera de aquí, tullido. Y tú, y tú, y tú. —Señaló con el hacha al Daga, a Garth y al otro Garth—. Fuera todos a dormir al frío, con las barrigas vacías, o si no...  —¡Bastardo de mierda! —oyó Sam maldecir a uno de los Garth; nunca llegó a saber cuál.  Craster barrió platos, carne y copas de vino de la mesa con el brazo izquierdo, mientras alzaba el hacha con el derecho.  —¿Quién se ha atrevido a llamarme bastardo? —rugió. Tormenta de espadas Samwell II

32_Tormenta de espadas_Tyrion IV

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                                          —  Tienen una belleza ominosa... y hacen que esta hoja sea única. Seguro que no hay una espada igual en todo el mundo.  —Sí la hay. —El armero se inclinó sobre la mesa, abrió los pliegues de la tela encerada y dejó al descubierto una segunda espada.  Tyrion puso la espada de Joffrey en la mesa y cogió la otra. Si no eran gemelas, se trataba al menos de primas hermanas. La segunda era más gruesa y pesada, casi un dedo más ancha y cuatro dedos más larga, pero las líneas limpias y esbeltas eran las mismas, así como aquel color tan característico, las ondulaciones de sangre y noche. Tormenta de espadas Tyrion IV

31_Tormenta de espadas_Jaime IV

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                   Qyburn lo miró a los ojos. Viera lo que viera en ellos, lo hizo meditar un instante.  —Muy bien. Cortaré la carne podrida y nada más. Trataré de quemar la podredumbre con vino hirviendo y una cataplasma de ortigas, mostaza en grano y moho del pan. Tal vez baste con eso, ya que estáis tan determinado. Os daré la leche de la amapola...  —No . —Jaime no se atrevía a permitir que lo durmieran. Pese a las promesas del hombre, al despertar podía encontrarse sin brazo.  —Os dolerá. —Qyburn se quedó boquiabierto.  —Gritaré.  —Os dolerá mucho.  —Gritaré muy fuerte. Tormenta de espadas Jaime IV

30_Tormenta de espadas_Jon IV

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                                                                                                             ... —  No tengas miedo.  La rodeó con un brazo. Ygritte le dio un palmetazo en el pecho con tanta fuerza que le escoció a pesar de las capas de lana, mallas y cuero grueso.  —No tenía miedo. No sabes nada, Jon Nieve.  —Entonces, ¿por qué lloras?  —¡No es por miedo! —Dio una patada salvaje al hielo que tenía bajo los pies y arrancó un pedazo—. Lloro porque no encontramos el Cuerno del Invierno. ¡Abrimos medio centenar de tumbas, dejamos todas esas sombras sueltas por el mundo y no encontramos el Cuerno de Joramun para derribar  este maldito muro! Tormenta de espadas Jon.IV

29_Tormenta de espadas_Arya V

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  No se quedaban mucho tiempo en la sala común, ni siquiera cuando Tom sacó la lira y empezó a cantar «Seis doncellas en un estanque». Los escalones de madera eran viejos y empinados, y crujían cada vez que uno de los hombres se llevaba a una chica al piso superior.  —Seguro que esto es un burdel —le susurró a Gendry.  —Y tú qué sabes qué es un burdel.  —Lo sé —se empeñó ella—. Es como una taberna, pero con chicas.  —Entonces, ¿qué haces tú aquí? —El muchacho se estaba poniendo colorado otra vez—. Un burdel no es lugar para una niñata de noble cuna, eso lo sabe cualquiera. Tormenta de espadas Arya V

28_Tormenta de espadas_ Sansa III

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  La ceremonia transcurrió como en sueños. Sansa hizo todo lo que se le pidió. Hubo oraciones, votos y cánticos; las velas ardieron con un centenar de lucecillas danzarinas que las lágrimas de sus ojos transformaron en un millar. Por suerte nadie pareció darse cuenta de que estaba llorando allí de pie, envuelta en los colores de su padre; o, si se dieron cuenta, disimularon. Le pareció que el momento del cambio de capas había llegado muy pronto. Tormenta de espadas Sansa. III

27_Tormenta de espadas_Daenerys III

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                              El humo gris brotaba de sus fauces abiertas, y el largo cuello se curvaba y estiraba mientras lanzaba dentelladas al rostro del esclavista.  «Es hora de cruzar el Tridente», pensó Dany. Dio la vuelta y regresó a lomos de su plata. Sus jinetes de sangre cerraron filas en torno a ella.  — Tenéis problemas —observó. — No quiere venir —dijo Kraznys.  —Hay un motivo. Los dragones no son esclavos.  Y, con todas sus fuerzas, le cruzó la cara con la fusta al traficante. Kraznys gritó y se tambaleó, la sangre le corrió roja por las mejillas y le empapó la barba perfumada. Un golpe de los dedos de la arpía le había destrozado los rasgos, pero Dany no se entretuvo a contemplar la ruina de aquel rostro.  —Drogon —cantó en voz alta con dulzura, todos los temores ya olvidados—. Dracarys. Tor menta de espadas Daenerys III

26_Tormenta de espadas_Jon III

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  —¿Cuántos cuervos hay en los castillos? —preguntó Styr.  —En el Castillo Negro, unos quinientos. En la Torre Sombría serán doscientos, y en Guardiaoriente, alrededor de trescientos.   Jon estaba exagerando al menos en trescientos el número de hermanos.  «Ojalá todo fuera tan sencillo...»  —Está mintiendo —dijo Jarl, que no se había dejado engañar, a Styr—. O eso o mete en la cuenta los que murieron en el Puño.  —Cuervo, no te confundas —le advirtió el Magnar—, yo no soy Mance Rayder. Si me mientes, haré que te corten la lengua. Tormenta de espadas Jon.III

25_Tormenta de espadas_Davos III

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   El enorme rubí de su garganta parecía palpitar e irradiar una luz propia—. Así que decidme, Ser Davos Seaworth, y sed sincero conmigo... ¿Arde vuestro corazón con la luz brillante de R'hllor? ¿O es negro y frío, y está lleno de gusanos? — Metió la mano entre los barrotes y le puso tres dedos en el pecho como si pudiera palpar la verdad a través del cuero, la lana y la carne.  —Mi corazón —respondió Davos claramente pero con lentitud— está lleno de dudas.  —Ay, Davos. —Melisandre suspiró—. El buen caballero es sincero hasta el final, incluso en su día más aciago. Habéis hecho bien en no mentirme. Lo habría sabido. Los siervos del Otro a menudo envuelven sus corazones negros en una luz alegre, de manera que R'hllor les da a sus sacerdotes el poder de ver a través de las mentiras . —Se alejó un paso de la celda—. ¿Por qué queríais matarme?  —Os lo diré si vos me decís quién me traicionó —replicó Davos. Sólo podía haber sido Salladhor Saan, pero seguía rezando...

24_Tormenta de espadas_Bran II

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   El caballero misterioso inclinó su lanza ante el Rey y cabalgó hacia el final de las lizas, donde estaban los pabellones de los cinco campeones. Ya sabes a cuáles desafió, a tres.  —El caballero del puercoespín, el caballero de la horquilla y el caballero de los torreones gemelos. —Bran sabía suficientes historias para imaginárselo—. Era el pequeño lacustre, os lo había dicho.  —Fuera quien fuera, los antiguos dioses dieron fuerza a su brazo. El caballero del puercoespín fue el primero en caer; luego cayó el caballero de la horquilla y, por último, el caballero de los dos torreones. Ninguno era muy popular, así que la gente animó con entusiasmo al Caballero del Árbol Sonriente, como pronto se dio en llamar al nuevo campeón. Cuando sus enemigos caídos quisieron pagar rescate por caballos y armaduras, el Caballero del Árbol Sonriente les habló con una voz que retumbaba en el interior de su yelmo:  »— Enseñad honor a vuestros escuderos, es todo el rescate que p...

23_Tormenta de espadas_Daenerys II

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  —¿Serán igual de ignorantes todos los cerdos de Poniente? —se quejó—. Todo el mundo sabe que los Inmaculados dominan el arte de la lanza, el escudo y la espada corta. —Dirigió a Dany una amplia sonrisa—. Dile lo que haga falta, esclava, y date prisa. Hace mucho calor.  «Por fin dice algo que no es mentira.» Una pareja de esclavas situadas a sus espaldas sostenían sobre sus cabezas una marquesina de seda a rayas, pero incluso a la sombra, Dany se sentía mareada, y Kraznys sudaba copiosamente. La Plaza del Orgullo llevaba cociéndose al sol desde el amanecer. Pese a las gruesas sandalias, sentía en los pies la temperatura de los adoquines rojos. Las ondulaciones del calor se alzaban trémulas de ellos y hacían que las pirámides escalonadas de Astapor que rodeaban la plaza, parecieran casi oníricas.  En cambio, los Inmaculados no sentían el calor, o no daban muestra de sentirlo.  Tor menta de espadas Daenerys II

22_Tormenta de espadas_Arya III

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  -... ¿A ti qué te gusta hacer?  — Labores de aguja. —Arya removió los juncos del suelo con el pie.  — Son muy relajantes, ¿verdad?  — Bueno, tal como yo las hago, no.   —¿No? A mí siempre me lo han parecido. Los dioses nos dan a cada uno nuestros talentos, grandes y pequeños, y a nosotros nos corresponde utilizarlos. Eso me dice siempre mi tía. Cualquier acto puede ser una plegaria, si lo llevamos a cabo lo mejor posible. ¿No te parece un concepto precioso? Tenlo en mente la próxima vez que estés con tus labores. ¿Las haces todos los días?  —Las hacía, pero perdí mi Aguja. La nueva que tengo no es tan buena.   —En tiempos como los que corren, tenemos que arreglárnoslas con lo que hay y tratar de sacarle el mejor partido. —Lady Smallwood le arregló el corpiño del vestido—. Ahora sí que pareces una joven dama como debe ser.  «No soy una dama —habría querido decirle Arya—. Soy una loba.» Tormenta de espadas Arya III

21_Tormenta de espadas_Jaime III

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  «Es más fuerte que yo.»  Al darse cuenta, se le heló la sangre. Robert había sido más fuerte que él, sí. Y también Gerold Hightower, llamado el Toro Blanco, al menos en sus mejores días, y Ser Arthur Dayne. De los vivos, Jon Umber, el Gran Jon, era más fuerte que él; probablemente, también el Jabalí de Crakehall y, sin duda, los dos Clegane. La fuerza de la Montaña era inhumana. Pero no importaba. Con velocidad y habilidad, Jaime los podía derrotar a todos. Pero ella era una mujer. Una mujer enorme como una vaca, sí, pero de todos modos... Debería ser ella la que estuviera ya agotada.  Y en vez de eso lo había hecho retroceder otra vez hasta el arroyo. — ¡Rendíos! —le gritó —. ¡Soltad la espada!  Tormenta de espadas Jaime III

20_Tormenta de espadas_Catelyn III

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  —Arrodillaos, traidor —dijo Robb de nuevo—. ¿O tendré que pedir que os obliguen a poner la cabeza en el tocón?  —Los dioses os juzgarán igual que vos me habéis juzgado —dijo Lord Karstark al arrodillarse, y puso la cabeza sobre la madera.  —Rickard Karstark, señor de Bastión Kar. —Robb alzó la pesada hacha con ambas manos—. Aquí, ante los ojos de hombres y dioses, os declaro culpable de asesinato y alta traición. En mi nombre os condeno. Con mi mano os quito la vida. ¿Queréis decir vuestras últimas palabras?  —Matadme y seréis maldito. No sois mi rey . Tormenta de espadas Catelyn III  

19_Tormenta de espadas_Tyrion III

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  Lord Tywin no toleraba deslealtad alguna en sus vasallos. Cuando aún era casi un niño había aniquilado a los orgullosos Reyne de Castamere y a los antiquísimos Tarbeck de Torre Tarbeck. Los bardos incluso habían llegado a componer una canción un tanto macabra al respecto. Años más tarde, cuando Lord Farman de Castibello se puso beligerante, Lord Tywin le envió un emisario que, en vez de una carta, llevaba un laúd. Una vez oyó en sus salones «Las lluvias de Castamere», Lord Farman no volvió a causar problemas. Y por si no bastara con la canción, los derruidos castillos de los Reyne y los Tarbeck se alzaban aún como testimonio mudo del destino que aguardaba a los que osaran despreciar el poderío de Roca Casterly.  —El Risco no está tan lejos de Torre Tarbeck y Castamere —señaló Tyrion—. Cabría suponer que los Westerling han pasado por allí, y deberían haber aprendido la lección.  —Puede que así haya sido —dijo Lord Tywin—. Te aseguro que saben bien qué pasó en Castamere....

18_Tormenta de espadas_Samwell I

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  El miedo que invadió a Sam era el peor que había sentido en toda su vida, y Samwell Tarly conocía todos los tipos de miedo.  —Madre, ten piedad —sollozó, había olvidado a los antiguos dioses en medio del terror—. Padre, protégeme... Oh...  Sus dedos encontraron la daga que llevaba y se cerraron en torno a la empuñadura. Los espectros habían sido lentos y torpes, pero el Otro era ligero como la nieve llevada por el viento. Esquivó con fluidez el hachazo de Paul, su armadura siempre ondulante, describió un arco con la espada de cristal y la clavó entre los aros de hierro de la cota de mallas del hombre, atravesando el cuero, la lana, la carne y el hueso. Le salió por la espalda con un siseo aterrador, y Sam oyó la exclamación de Paul cuando perdió el hacha. El hombretón, empalado y con la sangre humeando en la espada, trató de alcanzar a su asesino con las manos, y casi lo logró antes de caer.  Tormenta de espadas Samwell I

17_Tormenta de espadas_Arya IV

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  »Vi cómo la Montaña mataba a Raymun Darry, de un golpe tan espantoso que a Darry le cortó el brazo por el codo y a la vez mató a su caballo. Gladden Wylde murió allí con él, y a Lord Mallery lo derribaron y se ahogó. Los leones nos rodeaban por todas partes; me di por perdido igual que todos los demás, pero Alyn empezó a gritar órdenes y reorganizó nuestras filas, y los que todavía permanecíamos a caballo nos agrupamos en torno a Thoros y conseguimos abrirnos paso para escapar. Por la mañana éramos ciento veinte, y al anochecer apenas si quedábamos cuarenta. Lord Beric estaba herido de gravedad. Thoros se tuvo que arrancar del pecho un palmo de lanza y echarse vino hirviendo en el agujero.  »Estábamos seguros de que el señor moriría antes del amanecer. Pero Thoros se pasó la noche rezando con él junto al fuego, y cuando volvió a salir el sol, todavía estaba vivo y hasta un poco recuperado. Tuvieron que pasar quince días antes de que pudiera montar a caballo, pero su valor no...

16_Tormenta de espadas_ Sansa II

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  —Alyn dice que la prenda le dio valor —apuntó Megga—. Dice que su nombre era su grito de batalla, qué caballeroso, ¿verdad? Yo quiero tener algún día un campeón que lleve mi prenda y mate a cien hombres.  Elinor le dijo que se callara, pero parecía muy satisfecha.  «Son unas niñas —pensó Sansa—. No son más que chiquillas, hasta Elinor. No han visto nunca una batalla, no han visto morir a un hombre, no saben nada...» Los sueños de aquellas niñas estaban llenos de canciones y de cuentos, igual que lo habían estado los suyos antes de que Joffrey le cortara la cabeza a su padre. Sansa las compadecía. Sansa las envidiaba. Tormenta de espadas Sansa. II

15_Tormenta de espadas_Jon II

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  —Mi señor.. . —Jon tenía la garganta seca—. ¿Qué...?  —No soy tu señor —replicó Mance—. Y no creo que haga falta explicar el «qué». Tus hermanos han muerto. La pregunta es, ¿cuántos eran?  A Jon le palpitaba el rostro; la nieve caía sin cesar. Le costaba mucho pensar... «No importa qué te exijan, no puedes negarte», le había dicho Qhorin. Las palabras se le trababan en la garganta, pero hizo un esfuerzo supremo y las pronunció.  —Éramos trescientos.  —¿Éramos? —restalló Mance.  —Eran. Eran trescientos. —«No importa qué te exijan», le había dicho Qhorin. «Entonces, ¿por qué me siento como un cobarde?»—. Doscientos del Castillo Negro y un centenar más de la Torre Sombría.  —Ésa es una canción mucho más interesante que la que me cantaste en la tienda. —Mance miró a Harma Cabeza de Perro—. ¿Cuántos caballos hemos encontrado? —Más de cien —replicó la mujer corpulenta—. Menos de doscientos. Hay más muertos hacia el este; están cubiertos de nieve, no se...

14_Tormenta de espadas_Catelyn II

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  - . ..Por amarme, Jeyne podría perderlo todo.  —Y tú —señaló en voz baja—, has perdido a los Frey.  La mueca de su hijo lo decía todo. Catelyn entendía ya los gritos furiosos y por qué Perwyn Frey y Martyn Ríos se habían marchado de manera tan precipitada, pisoteando el estandarte de Robb.  —Me da miedo preguntarte cuántas espadas aporta tu esposa, Robb.  —Cincuenta. Una docena de caballeros.  Lo dijo con voz lúgubre, y razones tenía para ello. Cuando se pactó el matrimonio en Los Gemelos, el viejo Lord Walder Frey había enviado a Robb un millar de caballeros montados y casi tres mil de a pie. Tormenta de espadas Catelyn II

13_Tormenta de espadas_Arya II

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  —¿De qué me conoces? —preguntó, desconfiado y con el ceño fruncido—. El hombre desollado... ¿Quién eres, chico, un criado de Lord Sanguijuela?  Por un momento no supo qué responder. Había tenido tantos nombres... tal vez Arya Stark no fue más que un sueño.  —Soy una chica —sollozó—. Fui la copera de Lord Bolton, pero me iba a dejar con la Cabra, así que me escapé con Gendry y con Pastel Caliente. ¡Tienes que reconocerme! Cuando era pequeña me llevabas el poni de las riendas. El hombre abrió los ojos como platos.   —Loados sean los dioses —exclamó con voz ahogada—. ¿Arya Entrelospiés? ¡Suéltala, Lim!  —Me ha roto la nariz. —Lim la dejó caer al suelo sin ceremonias—. Por los siete infiernos, ¿quién es?  —La hija de la Mano. —Harwin hincó una rodilla en el suelo ante ella—. Arya Stark, de Invernalia. Tormenta de espadas Arya II

12_Tormenta de espadas_Tyrion II

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  «Benditos sean los dioses —pensó, fatigado, mientras contemplaba cómo la vela ardía hasta el final y comenzaba a derretirse—, ¿cómo he podido dejar que esto vuelva a ocurrir, después de lo que pasó con Tysha? ¿Soy tan tonto como cree mi padre?» Le habría hecho con gusto la promesa que ella quería oír; de buena gana la habría llevado del brazo a su propio dormitorio para que se pusiera las sedas y los terciopelos que tanto le gustaban. Si hubiera podido elegir, ella se sentaría a su lado en el banquete nupcial de Joffrey y bailaría con todos los osos que quisiera. Pero no podía permitir que la ahorcaran.  Tormenta de espadas Tyrion II

11_Tormenta de espadas_Jaime II

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  Jaime había entrado sigilosamente por la puerta del rey; llevaba la armadura dorada puesta y empuñaba la espada.  «La armadura dorada, no la blanca, pero nadie se acuerda nunca de eso. Ojalá me hubiera quitado también la puta capa. »  Cuando Aerys vio sangre en la espada, preguntó si se trataba de la de Lord Tywin.  —Quiero muerto a ese traidor. Quiero su cabeza; tráeme su cabeza o arderás con los otros. Con todos los traidores. ¡Rossart dice que están dentro de las murallas! Va a darles una cálida bienvenida. ¿De quién es la sangre? ¿De quién?  —De Rossart — respondió Jaime. Tormenta de espadas Jaime II

10_Tormenta de espadas_Davos II

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  -. ..Y querrás navegar hacia el cabo de la Ira, lo sé, para ver a tu esposa y a tus dos pequeñines. Estoy pensando que necesitas una nueva nave.  —Su Alteza me dará una —dijo Davos.  —Su Alteza no tiene naves —dijo el lyseno con un gesto de negación—, y Salladhor Saan tiene muchas. Las naves del Rey ardieron río arriba; las mías, no. Tendrás una, viejo amigo. Navegarás para mí, ¿verdad? Entrarás bailando en Braavos, en Myr y en Volantis, en lo más negro de la noche, sin que te vean, y saldrás bailando de nuevo, con sedas y especias. Tendremos bien llenas las bolsas, sí.  —Eres muy amable, Salla, pero debo mi lealtad al Rey, no a tu bolsa. La guerra proseguirá. Stannis sigue siendo el rey legítimo de los Siete Reinos. Choque de reyes. Davos II

09_Tormenta de espadas_Bran I

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  El gran risco se elevaba abruptamente del terreno, como un largo pliegue de roca y tierra con la forma de una garra. De sus laderas bajas colgaban pinos, fresnos y matorrales de espino, pero más arriba, la tierra estaba desnuda, y su silueta nítida se recortaba ante el cielo nublado.  Podía sentir la llamada de la gran piedra. Fue subiendo; al principio trotaba tranquilamente; después, más deprisa; sus fuertes patas devoraban la pendiente a medida que ascendían. Cuando pasaba corriendo, los pájaros abandonaban las ramas y se abrían paso hacia el cielo con patas y alas. Podía oír el viento que suspiraba entre las hojas, las ardillas que intercambiaban leves chillidos y hasta el sonido de una piña al caer al suelo del bosque. Los olores eran una canción en torno suyo, una canción que llenaba el hermoso mundo verde. Tormenta de espadas. Bran I

08_Tormenta de espadas_Daenerys I

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  Al final, sólo quedaron seiscientos... pero en aquel campo yacían muertos doce mil dothrakis, incluyendo al Khal Temmo, a sus jinetes de sangre, sus kos y todos sus hijos. En la mañana del cuarto día, el nuevo khal llevó a los supervivientes ante las puertas de la ciudad en procesión solemne. Uno por uno, todos los hombres se cortaron las trenzas y las tiraron a los pies de los Tres Mil. » Desde aquel día, la guardia urbana de Qohor está formada únicamente por Inmaculados, cada uno de los cuales porta una lanza de la que cuelga una trenza de cabello humano. Tormenta de espadas Daenerys I                                                              

07_Tormenta de espadas_Jon I

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  La nueva capa no tenía rasguños ni remiendos, y tampoco lágrimas... y sobre todo, nada de rojo. Los hombres de la Guardia de la Noche vestían de negro, me recordó con severidad Ser Denys Mallister, como si yo lo hubiera olvidado. Me dijo que iban a quemar mi vieja capa.  »Me fui al día siguiente... hacia un sitio donde un beso no fuera un crimen y un hombre pudiera vestir la capa que quisiera.   —Cerró el broche y volvió a sentarse—. ¿Y tú, Jon Nieve? Tormenta de espadas Jon.I

06_Tormenta de espadas_ Sansa I

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  —Un monstruo —susurró, tan quedo que apenas pudo oír su propia voz—. Joffrey es un monstruo. Mintió sobre el chico del carnicero e hizo que mi padre matara a mi lobo. Cuando incurro en su desagrado, hace que la Guardia Real me azote. Es malvado y cruel, mi señora. Y la Reina es idéntica.  Lady Olenna Tyrell y su nieta intercambiaron una mirada.  —Ah —dijo la anciana—, qué lástima.  «¡Oh, dioses! —pensó Sansa, horrorizada—. Si Margaery no se casa con él, Joff sabrá que yo he tenido la culpa.»   —Por favor —balbuceó—, no suspendáis la boda...   —No tengas miedo alguno, Lord Pez Globo está decidido a que Margaery sea reina. Y la palabra de un Tyrell vale más que todo el oro de Roca Casterly. Al menos, así era en mis tiempos. De todos modos, gracias por decir la verdad, niña. Tormenta de espadas Sansa. I

05_Tormenta de espadas_Davos I

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  Dale no le daría nunca a su esposa el hijo por el que habían rezado, y Allard, con su chica en Antigua, su chica en Desembarco del Rey y su chica en Braavos, sólo dejaría atrás mujeres sollozantes. Matthos no sería nunca capitán de una nave propia, como había soñado. Maric no sería nunca armado caballero.  «¿Cómo puedo vivir si todos ellos han muerto? Han caído tantos caballeros valientes y señores poderosos, hombres de noble cuna, mejores que yo... Métete dentro de tu cueva, Davos. Métete ahí y hazte un ovillo; deja que la nave se vaya y nadie te molestará nunca más. Duerme sobre tu almohada de piedra y deja que las gaviotas te picoteen los ojos mientras los cangrejos te devoran. Se lo debes a ellos, a los que tantas veces has devorado. Escóndete, contrabandista. Escóndete, calla y muere.» Choque de reyes. Davos I

04_Tormenta de espadas_Tyrion I

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  —Y tú quieres tu propia recompensa, ¿no? Muy bien. ¿Qué quieres de mí? ¿Tierras, un castillo, algún cargo?  —Un poco de gratitud no estaría mal para empezar.  —Los titiriteros y los monos necesitan aplausos —dijo Lord Tywin, mirándolo sin pestañear —. Lo mismo que quería Aerys, por cierto. Tú hiciste lo que te ordenaron y estoy seguro que pusiste en ello todo tu talento. Nadie niega el papel que has desempeñado .  —¿El papel que he desempeñado? —Los restos de nariz en el rostro de Tyrion debieron de encenderse—. He salvado esta mierda de ciudad para ti. Tormenta de espadas Tyrion I

03_Tormenta de espadas_Arya I

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  —Echemos otro vistazo al mapa —dijo Gendry.  Arya desmontó, sacó el mapa y lo extendió. La lluvia salpicó la piel de oveja, formando pequeños arroyuelos.  —Creo que estamos aquí, en alguna parte —dijo, señalando con el dedo, mientras los chicos miraban por encima de su hombro.  —Pero si apenas nos hemos alejado —dijo Pastel Caliente—. Mira, Harrenhal está al lado de tu dedo, casi lo estás tocando. ¡Y hemos estado cabalgando todo el día! Tormenta de espadas Arya I

02_Tormenta de espadas_Catelyn I

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 —Padre —dijo—, Padre, sé lo que hiciste.  Ya no era una novia inocente con la cabeza llena de sueños. Era viuda, traidora, madre doliente y sabia; había vivido mucho.  —Lo obligaste a casarse con ella —susurró—. Lysa era el precio que Jon Arryn tuvo que pagar por las espadas y lanzas de la Casa Tully.  No era de extrañar que el matrimonio de su hermana hubiera carecido de amor. Los Arryn eran orgullosos, muy celosos de su honor. Lord Jon podía casarse con Lysa para vincular a los Tully a la causa de la rebelión y con la esperanza de tener un hijo, pero para él debió de ser duro amar a una mujer que llegaba a su lecho deshonrada y de mala gana. Habría sido bondadoso, sin duda; cumplidor, sí; pero Lysa necesitaba calor. Tormenta de espadas Catelyn I

01_Tormenta de espadas_Jaime I

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  —Me llamo Brienne —repitió ella, terca como una mula.  —¿Lady Brienne? —La moza hizo tal mueca de incomodidad que percibió un punto débil —. ¿O tal vez os gustaría más que os llamara Ser Brienne? —Se echó a reír— . No, me temo que no. Se puede equipar una vaca lechera con ataharre, capizana y testera, y cubrirla con un manto de seda, pero eso no significa que se pueda montar para ir a la batalla.  —Primo Jaime, por favor, no debes hablar con tanta rudeza. —Bajo la capa, Ser Cleos llevaba un chaleco con los torreones gemelos de la Casa Frey y el león dorado de los Lannister—. Tenemos un largo viaje por delante; no debemos pelear entre nosotros.  —Cuando yo peleo, lo hago con una espada, primo. Estaba conversando con la dama. Decidme, moza, ¿todas las mujeres de Tarth son tan bastas como vos? Si es así, siento lástima por los hombres. Quizá no sepan cómo es una mujer de verdad, pues viven en una montaña lúgubre en el mar. Tormenta de espadas Jaime I

00_Tormenta de espadas

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  Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuooooooooooooooooooooo.  El sonido siguió y siguió, hasta parecer que no iba a terminar nunca. Los cuervos aleteaban, graznaban, revoloteaban dentro de sus jaulas y chocaban contra los barrotes, y por todo el campamento se levantaban los hermanos de la Guardia de la Noche, se ponían las armaduras, se ceñían los cinturones de los que colgaban las espadas y echaban mano a los arcos y hachas de batalla. Samwell Tarly estaba de pie, temblando, con el rostro del mismo color de la nieve que se arremolinaba en torno a ellos.  —Tres —chilló, dirigiéndose a Chett—, han sido tres, he oído tres. No han tocado tres nunca. Jamás, en miles y miles de años. Tres significa...  —Los Otros. Tormenta de espadas. Prólogo

68_Choque de reyes_Bran V

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  —No llegamos a irnos —explicó Bran —. Fuimos hasta el lindero, y después volvimos sobre nuestros pasos. Mandé a los lobos para abrir un sendero, pero nos escondimos en la tumba de mi padre.  —Las criptas —gorgoteó Luwin, con una espuma sanguinolenta en los labios. Cuando el maestre intentó moverse, emitió un grito agudo de dolor.  Las lágrimas nublaron los ojos de Bran. Cuando un hombre resultaba herido, el maestre se ocupaba de él, pero ¿qué hacer cuando el maestre estaba herido?  —Tenemos que hacer una litera para llevarlo —dijo Osha.  —No tiene sentido —dijo Luwin—. Me estoy muriendo, mujer.  —¡No puedes! —dijo Rickon, airado—. ¡Tú no puedes!   A su lado, Peludo enseñó los dientes y gruñó.  —Tranquilo, niño —dijo el maestre con una sonrisa—, soy mucho más viejo que tú. Puedo... morirme cuando desee.  —Hodor, baja —ordenó Bran, y Hodor se arrodilló junto al maestre.  —Escucha —le dijo Luwin a Osha—, los príncipes... los hereder...

67_Choque de reyes_Jon VIII

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  Los cazadores se detuvieron a unos ocho metros por debajo de la boca de la caverna. Su jefe ascendió solo, a lomos de una bestia que más parecía una cabra que un caballo, a juzgar por la seguridad con la que escalaba aquella ladera desigual. Cuando el hombre y su cabalgadura estuvieron más cerca, Jon alcanzó a oír el traqueteo: ambos llevaban armaduras de huesos. Huesos de vaca, huesos de oveja, huesos de cabra, de bisonte, de alce, grandes huesos de mamuts peludos... así como huesos humanos.  —Casaca de Matraca —pronunció Qhorin con gélida cortesía.  —Para los cuervos soy el Señor de los Huesos.  Choque de reyes Jon.VIII

66_Choque de reyes_Tyrion XV

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El maestre se levantó, con el rostro lleno de manchas rojas, y salió deprisa. Regresó con una jarra de un vino ambarino pálido y un pequeño espejo plateado en un hermoso marco de oro. Se sentó al borde de la cama, sirvió media copa de vino y la llevó a los labios hinchados de Tyrion. El líquido bajó, fresco, aunque apenas pudo saborearlo.  —Más —dijo, cuando la copa se vació.  El maestre Ballabar volvió a servirle. Tras la segunda copa, Tyrion Lannister se sintió con fuerzas suficientes para enfrentarse a su rostro.  Tomó el espejo, se miró y no supo si reírse o llorar.                                                                              Choque de reyes                                   ...

65_Choque de reyes_Theon VI.

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  —. Así que me ofrecéis a una chica de la perrera a cambio de mis buenos servicios, ¿no es así?  En su voz había un tono que a Theon no le gustó, como no le gustaba la manera insolente con que lo miraban los hombres de Fuerte Terror.  —Fue lo prometido.  —Huele a mierda de perro. Da la casualidad de que ya he tenido suficiente de malos olores. Creo que mejor tomaré a la que os calienta la cama. ¿Cómo se llama? ¿Kyra?   —¿Estás loco? —dijo Theon, airado—. Haré que os...  El revés del bastardo le dio de lleno, y el hueso de su mejilla se estremeció con un crujido repulsivo bajo el acero articulado. El mundo desapareció en una roja ola de dolor.  Un rato después, Theon volvió en sí sobre el suelo. Rodó sobre su vientre y tragó un buche de sangre. Intentó gritar para que cerraran las puertas, pero era demasiado tarde. Los hombres de Fuerte Terror habían eliminado a Rolfe el Rojo y a Kenned, y cada vez entraban más, un río de cotas de malla y espadas afil...

64_Choque de reyes_ Arya X

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  —Su Alteza ha derrotado a los Lannister siempre que se ha enfrentado a ellos en combate —dijo Roose Bolton clavando los ojos claros en él.  —Ha perdido el norte —insistió Hosteen Frey—. ¡ Ha perdido Invernalia! Sus hermanos han muerto...  Durante un instante Arya se olvidó de respirar. «¿Muertos? ¿Bran y Rickon? ¿Están muertos? ¿Qué quiere decir? ¿Cómo que ha perdido Invernalia? Es imposible, Joffrey jamás podría apoderarse de Invernalia, jamás, Robb no se lo permitiría.» Entonces se acordó de que Robb no estaba en Invernalia. Estaba lejos, en el oeste, y Bran estaba tullido y Rickon no tenía más que cuatro años. Necesitó de todas sus fuerzas para permanecer quieta y en silencio, tal como le había enseñado Syrio Forel, para seguir allí como si no fuera más que otro mueble. Notó que se le llenaban los ojos de lágrimas, y las contuvo a pura fuerza de voluntad. «No es verdad, no puede ser verdad, seguro que es una mentira de los Lannister.»         ...

63_Choque de reyes_Daenerys V

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  —Lo abrió. Dentro había un brillante escarabajo verde de ónice y esmeraldas.  «Es muy bonito —pensó—. Servirá para ayudarnos a pagar el pasaje.»  —Lo siento mucho —dijo el hombre cuando la vio meter la mano en el cofre, pero ella apenas lo oyó. El escarabajo se desenroscó con un siseo. Durante un instante, Dany pudo ver una cara negra, malévola, casi humana, y una cola arqueada de la que goteaba veneno... y en aquel momento el cofre salió volando de su mano en pedazos. Un dolor repentino le atenazó los dedos. Lanzó un grito y se agarró la mano, mientras el vendedor de objetos de bronce empezaba a chillar; después gritó una mujer, y pronto, todos los qarthianos estaban gritando y empujándose. Ser Jorah pasó junto a ella, y Dany cayó con una rodilla en tierra. Volvió a oír el siseo. El anciano golpeó el suelo con el extremo de su cayado; Aggo llegó al galope por en medio de un tenderete donde se vendían huevos y saltó de la silla; el látigo de Jhogo restalló en el aire; S...

62_Choque de reyes_Sansa VII

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  —¿Qué pasa? —Se agarró a un poste de la cama—. ¿Qué ha sucedido? ¡Decídmelo!  —¡Se acabó! ¡Se acabó, se acabó! La ciudad está a salvo. Lord Stannis ha muerto, Lord Stannis ha huido, nadie lo sabe, a nadie le importa; su ejército se ha dispersado, ya no hay peligro. Dicen que ha muerto en el combate o que se ha marchado, ¡qué más da! ¡Y cómo brillan los estandartes! ¡Los estandartes, Jonquil, los estandartes! ¿Tenéis vino? Tendríamos que brindar para celebrarlo, sí. ¿No lo entendéis? ¡Esto quiere decir que estáis a salvo! Choque de reyes Sansa. VII

61_Choque de reyes_Tyrion XIV

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  Un momento después, los cascos de las naves volvieron a unirse, chocando con tanta violencia que la cubierta pareció saltar. En aquel momento, alguien se inclinó sobre él.  —¿Jaime? —graznó, ahogándose casi con la sangre que le llenaba la boca. «¿Quién otro que no fuera su hermano podía salvarlo?»  —No os mováis, mi señor, estáis mal herido. «La voz de un niño, esto no tiene sentido», pensó Tyrion. Sonaba casi como la voz de Pod.                                                                            Choque de reyes                                                                            ...

60_Choque de reyes_Sansa VI

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  Recuerda que ahora ya eres una mujer. Y además, la prometida de mi primogénito . —La Reina bebió un sorbo de vino—. Si fuera otro el que se encontrara ante nuestras puertas, podría tratar de seducirlo. Pero es Stannis Baratheon. Me resultaría más fácil seducir a su caballo. —Vio la expresión dibujada en el rostro de Sansa, y se echó a reír—. ¿ Os escandalizo, mi señora? —Se acercó más a ella—. No seas idiota. Las lágrimas no son la única arma de la mujer. Choque de reyes Sansa. VI

59_Choque de reyes_Tyrion XIII

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  —Dicen que yo sólo soy medio hombre —dijo—. Entonces, ¿vosotros qué sois?  Aquello pareció avergonzarlos. Un caballero sin yelmo montó y fue a reunirse con los otros. Lo siguieron un par de mercenarios. Luego, más. La Puerta del Rey se estremeció de nuevo. En pocos momentos, el grupo comandado por Tyrion había doblado su número. Los había atrapado. «Si yo peleo, ellos tienen que pelear también; si no, serían menos que enanos.»  —No me oiréis gritar el nombre de Joffrey —les dijo—. Ta mpoco me oiréis gritar que combato por Roca Casterly. La ciudad que Stannis quiere saquear es la vuestra; vuestra es la puerta que está intentando derribar. De modo que venid conmigo, ¡vamos a matar a ese hijo de puta!  Tyrion desenvainó el hacha, hizo dar media vuelta al garañón, y emprendió el trote hacia el portillo. Le pareció que sus hombres lo seguían, pero no se atrevió a mirar.                             ...

58_Choque de reyes_Davos III

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  Davos vio cómo dentro de ella fluía el verde desde miles de vasijas rotas, veneno de las entrañas de una bestia moribunda, que brillaba y se extendía por toda la superficie del río...  —¡Retroceso! —rugió—. Alejémonos. ¡Apartémonos de ella, atrás, atrás! Cortaron los cabos de abordaje y Davos percibió el movimiento de la cubierta bajo sus pies cuando la Betha Negra se liberó de la Venado Blanco. Sus remos se metieron en el agua.  Entonces oyó algo parecido a un gruñido corto, como si alguien le hubiera soplado en el oído. El estruendo llegó medio instante después. La cubierta desapareció bajo sus pies, y el agua negra le golpeó el rostro, llenándole la boca y la nariz. Se ahogaba, se estaba asfixiando. Sin saber en qué dirección iba, Davos braceó, ciego de pánico, hasta que logró salir de repente a la superficie. Escupió agua, inhaló profundamente el aire, se agarró del trozo de madera más cercano y se mantuvo a flote. Choque de reyes. Davos III