58_Choque de reyes_Davos III
Davos vio cómo dentro de ella fluía el verde desde miles de vasijas rotas, veneno de las entrañas de una bestia moribunda, que brillaba y se extendía por toda la superficie del río...
—¡Retroceso! —rugió—. Alejémonos. ¡Apartémonos de ella, atrás, atrás! Cortaron los cabos de abordaje y Davos percibió el movimiento de la cubierta bajo sus pies cuando la Betha Negra se liberó de la Venado Blanco. Sus remos se metieron en el agua.
Entonces oyó algo parecido a un gruñido corto, como si alguien le hubiera soplado en el oído. El estruendo llegó medio instante después. La cubierta desapareció bajo sus pies, y el agua negra le golpeó el rostro, llenándole la boca y la nariz. Se ahogaba, se estaba asfixiando. Sin saber en qué dirección iba, Davos braceó, ciego de pánico, hasta que logró salir de repente a la superficie. Escupió agua, inhaló profundamente el aire, se agarró del trozo de madera más cercano y se mantuvo a flote.
Choque de reyes.

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