12_Tormenta de espadas_Tyrion II
«Benditos sean los dioses —pensó, fatigado, mientras contemplaba cómo la vela ardía hasta el final y comenzaba a derretirse—, ¿cómo he podido dejar que esto vuelva a ocurrir, después de lo que pasó con Tysha? ¿Soy tan tonto como cree mi padre?» Le habría hecho con gusto la promesa que ella quería oír; de buena gana la habría llevado del brazo a su propio dormitorio para que se pusiera las sedas y los terciopelos que tanto le gustaban. Si hubiera podido elegir, ella se sentaría a su lado en el banquete nupcial de Joffrey y bailaría con todos los osos que quisiera. Pero no podía permitir que la ahorcaran. Tormenta de espadas Tyrion II