47_Tormenta de espadas_Arya IX
El Perro soltó un bufido que daba a entender hasta qué punto la creía, pero le entregó una gruesa rodaja de salchicha. Arya la masticó sin dejar de mirarlo. —No pegué nunca a tu hermana —dijo el Perro— , pero, si me obligas, te daré una paliza. Así que deja de pensar cómo matarme, porque no te va a servir de nada. No tenía respuesta para aquello. Siguió royendo la salchicha mientras lo miraba con ojos gélidos. «Dura como la piedra», pensó. —Al menos tú me miras a la cara. No es poco mérito, pequeña loba. ¿Qué, te gusta ? —No. Es muy fea y está toda quemada. —Eres una estúpida . —Clegane le ofreció un trozo de queso pinchado en la punta de la daga— . ¿De qué te serviría escapar? Lo único que conseguirías es que te cogiera alguien peor que yo. —No —replicó ella—. No hay nadie peor. —Se ve que no conoces a mi hermano. Tormenta de espadas Arya IX