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Mostrando entradas de enero, 2026

40_Tormenta de espadas_Bran III

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  Bran percibió el miedo de Verano en aquel momento de brillo. Cerró los dos ojos, abrió un tercero y se desprendió de su piel de niño como si fuera una capa mientras dejaba atrás la torre...  Y se encontró fuera, bajo la lluvia, con la barriga llena de ciervo, acobardado entre los arbustos mientras el cielo se rompía y rugía sobre él. El olor de las manzanas podridas y las hojas húmedas casi ocultaba el del hombre, pero allí estaba. Oyó el tintineo y el roce de la pieldura; vio a los hombres moverse entre los árboles. Uno que portaba un palo se movía con torpeza, llevaba una piel en la cabeza que lo dejaba ciego y sordo. El lobo dio un rodeo para esquivarlo; se metió entre las ramas chorreantes de un espino y bajo las ramas desnudas de un manzano. Los oía hablar, y allí, por debajo de los olores de lluvia, hojas y caballo, le llegó el hedor agudo, rojo, del miedo... Tormenta de espadas. Bran III

39_Tormenta de espadas_Arya VII

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  —En la colina hueca... No sé, me gustó lo que dijisteis de que erais hombres del rey Robert y también hermanos. Me gustó que juzgarais al Perro. Lord Bolton lo que hacía era cortar cabezas y ahorcar a la gente, y Lord Tywin y Amory igual. Prefiero trabajar como herrero para vosotros.  — Tenemos muchas armaduras que necesitan arreglos, mi señor —le recordó Jack a Lord Beric—. La mayor parte se las cogemos a los muertos, y tienen los agujeros por los que les entró la muerte.  —Tú debes de ser corto de entendederas, chico —dijo Lim—. Somos bandidos. La mayoría somos escoria de baja estofa, menos su señoría, claro. No te creas que esto es como en las canciones del bobo de Tom. No le arrancarás un beso a ninguna princesa ni participarás en un torneo con una armadura robada. Si te unes a nosotros, acabarás colgado de un árbol o con la cabeza en una pica sobre las puertas de cualquier castillo. Tormenta de espadas Arya VII

38_Tormenta de espadas_Tyrion V

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  — Se dice —lo interrumpió Oberyn cambiando de tema con brusquedad— que en el banquete de bodas del Rey se servirán setenta y siete platos.  — ¿Tenéis hambre, mi príncipe?  — Hace mucho tiempo que tengo hambre. Pero no de comida. Decid, por favor, ¿cuándo se servirá la justicia?  — La justicia. —«Sí, claro, por eso ha venido, tendría que habérmelo imaginado»—. ¿Estabais muy unido a vuestra hermana? — De niños, Elia y yo éramos inseparables, como vuestra hermana y vuestro hermano.  «Dioses, espero que no.»  — Las guerras y los matrimonios nos han tenido muy ocupados a todos, príncipe Oberyn. Mucho me temo que nadie ha tenido tiempo para ocuparse de asesinatos cometidos hace dieciséis años, por horribles que fueran. Tormenta de espadas Tyrion V

37_Tormenta de espadas_Jaime V

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  Miró a Jaime sin parpadear, expectante, gélido.  «Ya entiendo.»  —Queréis que os absuelva de toda culpa. Que le diga a mi padre que este muñón no es cosa vuestra. —Jaime se echó a reír—. Mi señor, enviadme con Cersei y cantaré la canción más dulce que podáis imaginar acerca de lo bien que me habéis tratado . —Sabía que era la única respuesta posible; si daba otra, Bolton lo entregaría a la Cabra—. Si tuviera mano, os lo dejaría por escrito. Diría cómo me mutiló el mercenario que mi padre trajo a Poniente y cómo me salvó el noble Lord Bolton. Tormenta de espadas Jaime V

36_Tormenta de espadas_Davos IV

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  —Todo hombre tiene el deber de permanecer leal a su legítimo rey, aunque el señor al que sirve lo traicione —declaró Stannis en un tono que no admitía discusión.  Una insensatez desesperada se apoderó de Davos, una imprudencia cercana a la locura.  — ¿Cómo vos permanecisteis leal al rey Aerys cuando vuestro hermano alzó sus estandartes? —soltó con brusquedad.  Se hizo un silencio tenso.  —¡Traición! —gritó Ser Axell al tiempo que desenvainaba la daga—. ¡Alteza, se atreve a deciros semejantes infamias a la cara!  Davos oyó cómo Stannis rechinaba los dientes. En la frente del Rey palpitaba una vena azul, hinchada. Sus ojos se encontraron.  —Guardad el cuchillo, Ser Axell. Dejadnos a solas. Choque de reyes. Davos IV

35_Tormenta de espadas_Catelyn IV

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  Los siete bajaron a Lord Hoster por la escalera del agua, chapoteando en los escalones a medida que subía el rastrillo. Cuando depositaron el bote en la corriente, Lothar Frey, un hombre corpulento y de carnes blandas, respiraba jadeante. Jason Mallister y Tytos Blackwood, que se ocupaban de la proa, se metieron hasta el pecho en el río para guiar la barca.  Catelyn lo contemplaba todo desde las almenas; esperaba y miraba, como había esperado y mirado tantas veces en el pasado. Abajo, la corriente rápida del Piedra Caída se clavaba como una lanza en el costado del ancho Forca Roja, y sus aguas azules y blancas agitaban el curso rojizo y marrón del río principal. La neblina de la mañana pendía sobre las aguas, tan tenue y sutil como los jirones del recuerdo.  Tormenta de espadas Catelyn IV «Bran y Rickon lo estarán esperando —pensó Catelyn con tristeza—, igual que antes lo esperaba yo.»

34_Tormenta de espadas_Arya VI

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  La fuerza del impacto hizo que saltaran por los aires astillas de madera. Los golpes siguieron cayendo, duros, rápidos, desde abajo, desde arriba, por la derecha, por la izquierda, pero Dondarrion los detuvo todos. Las llamas giraban en torno a su espada, y a su paso dejaban un rastro de fantasmas rojos y amarillos. Cada movimiento de Lord Beric les daba nuevas fuerzas y hacía que ardieran con más brillo, hasta que pareció como si el señor del relámpago estuviera en el centro de una jaula de fuego.  — ¿Es fuego valyrio? —preguntó Arya a Gendry.  — No. Esto es diferente. Esto es...   — ¿Magia? —sugirió ella mientras el Perro retrocedía. Tormenta de espadas Arya VI