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Mostrando entradas de noviembre, 2025

25_Tormenta de espadas_Davos III

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   El enorme rubí de su garganta parecía palpitar e irradiar una luz propia—. Así que decidme, Ser Davos Seaworth, y sed sincero conmigo... ¿Arde vuestro corazón con la luz brillante de R'hllor? ¿O es negro y frío, y está lleno de gusanos? — Metió la mano entre los barrotes y le puso tres dedos en el pecho como si pudiera palpar la verdad a través del cuero, la lana y la carne.  —Mi corazón —respondió Davos claramente pero con lentitud— está lleno de dudas.  —Ay, Davos. —Melisandre suspiró—. El buen caballero es sincero hasta el final, incluso en su día más aciago. Habéis hecho bien en no mentirme. Lo habría sabido. Los siervos del Otro a menudo envuelven sus corazones negros en una luz alegre, de manera que R'hllor les da a sus sacerdotes el poder de ver a través de las mentiras . —Se alejó un paso de la celda—. ¿Por qué queríais matarme?  —Os lo diré si vos me decís quién me traicionó —replicó Davos. Sólo podía haber sido Salladhor Saan, pero seguía rezando...

24_Tormenta de espadas_Bran II

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   El caballero misterioso inclinó su lanza ante el Rey y cabalgó hacia el final de las lizas, donde estaban los pabellones de los cinco campeones. Ya sabes a cuáles desafió, a tres.  —El caballero del puercoespín, el caballero de la horquilla y el caballero de los torreones gemelos. —Bran sabía suficientes historias para imaginárselo—. Era el pequeño lacustre, os lo había dicho.  —Fuera quien fuera, los antiguos dioses dieron fuerza a su brazo. El caballero del puercoespín fue el primero en caer; luego cayó el caballero de la horquilla y, por último, el caballero de los dos torreones. Ninguno era muy popular, así que la gente animó con entusiasmo al Caballero del Árbol Sonriente, como pronto se dio en llamar al nuevo campeón. Cuando sus enemigos caídos quisieron pagar rescate por caballos y armaduras, el Caballero del Árbol Sonriente les habló con una voz que retumbaba en el interior de su yelmo:  »— Enseñad honor a vuestros escuderos, es todo el rescate que p...

23_Tormenta de espadas_Daenerys II

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  —¿Serán igual de ignorantes todos los cerdos de Poniente? —se quejó—. Todo el mundo sabe que los Inmaculados dominan el arte de la lanza, el escudo y la espada corta. —Dirigió a Dany una amplia sonrisa—. Dile lo que haga falta, esclava, y date prisa. Hace mucho calor.  «Por fin dice algo que no es mentira.» Una pareja de esclavas situadas a sus espaldas sostenían sobre sus cabezas una marquesina de seda a rayas, pero incluso a la sombra, Dany se sentía mareada, y Kraznys sudaba copiosamente. La Plaza del Orgullo llevaba cociéndose al sol desde el amanecer. Pese a las gruesas sandalias, sentía en los pies la temperatura de los adoquines rojos. Las ondulaciones del calor se alzaban trémulas de ellos y hacían que las pirámides escalonadas de Astapor que rodeaban la plaza, parecieran casi oníricas.  En cambio, los Inmaculados no sentían el calor, o no daban muestra de sentirlo.  Tor menta de espadas Daenerys II

22_Tormenta de espadas_Arya III

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  -... ¿A ti qué te gusta hacer?  — Labores de aguja. —Arya removió los juncos del suelo con el pie.  — Son muy relajantes, ¿verdad?  — Bueno, tal como yo las hago, no.   —¿No? A mí siempre me lo han parecido. Los dioses nos dan a cada uno nuestros talentos, grandes y pequeños, y a nosotros nos corresponde utilizarlos. Eso me dice siempre mi tía. Cualquier acto puede ser una plegaria, si lo llevamos a cabo lo mejor posible. ¿No te parece un concepto precioso? Tenlo en mente la próxima vez que estés con tus labores. ¿Las haces todos los días?  —Las hacía, pero perdí mi Aguja. La nueva que tengo no es tan buena.   —En tiempos como los que corren, tenemos que arreglárnoslas con lo que hay y tratar de sacarle el mejor partido. —Lady Smallwood le arregló el corpiño del vestido—. Ahora sí que pareces una joven dama como debe ser.  «No soy una dama —habría querido decirle Arya—. Soy una loba.» Tormenta de espadas Arya III

21_Tormenta de espadas_Jaime III

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  «Es más fuerte que yo.»  Al darse cuenta, se le heló la sangre. Robert había sido más fuerte que él, sí. Y también Gerold Hightower, llamado el Toro Blanco, al menos en sus mejores días, y Ser Arthur Dayne. De los vivos, Jon Umber, el Gran Jon, era más fuerte que él; probablemente, también el Jabalí de Crakehall y, sin duda, los dos Clegane. La fuerza de la Montaña era inhumana. Pero no importaba. Con velocidad y habilidad, Jaime los podía derrotar a todos. Pero ella era una mujer. Una mujer enorme como una vaca, sí, pero de todos modos... Debería ser ella la que estuviera ya agotada.  Y en vez de eso lo había hecho retroceder otra vez hasta el arroyo. — ¡Rendíos! —le gritó —. ¡Soltad la espada!  Tormenta de espadas Jaime III

20_Tormenta de espadas_Catelyn III

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  —Arrodillaos, traidor —dijo Robb de nuevo—. ¿O tendré que pedir que os obliguen a poner la cabeza en el tocón?  —Los dioses os juzgarán igual que vos me habéis juzgado —dijo Lord Karstark al arrodillarse, y puso la cabeza sobre la madera.  —Rickard Karstark, señor de Bastión Kar. —Robb alzó la pesada hacha con ambas manos—. Aquí, ante los ojos de hombres y dioses, os declaro culpable de asesinato y alta traición. En mi nombre os condeno. Con mi mano os quito la vida. ¿Queréis decir vuestras últimas palabras?  —Matadme y seréis maldito. No sois mi rey . Tormenta de espadas Catelyn III  

19_Tormenta de espadas_Tyrion III

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  Lord Tywin no toleraba deslealtad alguna en sus vasallos. Cuando aún era casi un niño había aniquilado a los orgullosos Reyne de Castamere y a los antiquísimos Tarbeck de Torre Tarbeck. Los bardos incluso habían llegado a componer una canción un tanto macabra al respecto. Años más tarde, cuando Lord Farman de Castibello se puso beligerante, Lord Tywin le envió un emisario que, en vez de una carta, llevaba un laúd. Una vez oyó en sus salones «Las lluvias de Castamere», Lord Farman no volvió a causar problemas. Y por si no bastara con la canción, los derruidos castillos de los Reyne y los Tarbeck se alzaban aún como testimonio mudo del destino que aguardaba a los que osaran despreciar el poderío de Roca Casterly.  —El Risco no está tan lejos de Torre Tarbeck y Castamere —señaló Tyrion—. Cabría suponer que los Westerling han pasado por allí, y deberían haber aprendido la lección.  —Puede que así haya sido —dijo Lord Tywin—. Te aseguro que saben bien qué pasó en Castamere....