25_Tormenta de espadas_Davos III

 

 El enorme rubí de su garganta parecía palpitar e irradiar una luz propia—. Así que decidme, Ser Davos Seaworth, y sed sincero conmigo... ¿Arde vuestro corazón con la luz brillante de R'hllor? ¿O es negro y frío, y está lleno de gusanos? — Metió la mano entre los barrotes y le puso tres dedos en el pecho como si pudiera palpar la verdad a través del cuero, la lana y la carne. 

—Mi corazón —respondió Davos claramente pero con lentitud— está lleno de dudas. 

—Ay, Davos. —Melisandre suspiró—. El buen caballero es sincero hasta el final, incluso en su día más aciago. Habéis hecho bien en no mentirme. Lo habría sabido. Los siervos del Otro a menudo envuelven sus corazones negros en una luz alegre, de manera que R'hllor les da a sus sacerdotes el poder de ver a través de las mentiras. —Se alejó un paso de la celda—. ¿Por qué queríais matarme? 

—Os lo diré si vos me decís quién me traicionó —replicó Davos. Sólo podía haber sido Salladhor Saan, pero seguía rezando para que no fuera así. 

Nadie os traicionó, Caballero de la Cebolla.

Choque de reyes.

Davos III

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