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Mostrando entradas de mayo, 2026

71_Tormenta de espadas_Daenerys VI

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  ...El saqueo de Meereen había sido salvaje, como sucedía con todas las ciudades que caían, pero ahora que ya era suya Dany estaba decidida a poner fin a los destrozos. Decretó que se colgara a los asesinos, que a los saqueadores les fuera cortada una mano, y a los violadores el miembro viril. Ocho asesinos pendían ya de las murallas y los Inmaculados habían llenado un canasto de un celemín con manos ensangrentadas y blandos gusanos rojos, y Meereen volvía a estar en calma.  «¿Durante cuánto tiempo?»  Una mosca le zumbó al lado de la cara. Dany la espantó, molesta, pero volvió al instante.  —En esta ciudad hay demasiadas moscas.   —Esta mañana tenía moscas en la cerveza. Hasta me tragué una . —Ben Plumm soltó una carcajada.  —Las moscas son la venganza de los muertos. —Daario sonrió y se acarició el mechón central de la barba—. Los cadáveres crían gusanos, y los gusanos crían moscas.  —Pues nos libraremos de los cadáveres, empezando por los de la plaz...

70_Tormenta de espadas_Tyrion X

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  —Quiero que lo digas. Era Elia de Dorne.  La Montaña bufó con desprecio y avanzó... y en ese momento el sol irrumpió entre las nubes bajas que habían ocultado el cielo desde el amanecer.  «El sol de Dorne», dijo Tyrion para sus adentros, pero fue Gregor Clegane el primero que se movió para dejar el sol a su espalda. «Es estúpido y brutal, pero tiene los instintos de un guerrero.»  La Víbora Roja se agachó con los ojos entrecerrados y volvió a atacar con la lanza. Ser Gregor intentó cortarla, pero aquello no había sido más que una finta. Perdido el equilibrio, trastabilló y dio un paso.  El príncipe Oberyn inclinó su abollado escudo de metal. Un dardo de luz solar lanzó su destello cegador, se reflejó sobre el oro y el cobre pulidos y entró por la estrecha ranura del yelmo de su enemigo. Clegane levantó el escudo para cubrirse del resplandor. La lanza del príncipe Oberyn se movió como un relámpago y encontró el espacio desprotegido de la pesada armadura, la art...

69_Tormenta de espadas_Jon VII

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 ...Mis señores, cuando Donal Noye fue asesinado quien se hizo cargo del Muro y lo defendió contra toda la furia del norte fue este joven, Jon Nieve. Ha mostrado ser un hombre valiente, leal y lleno de recursos. De no ser por él, vos, Lord Slynt, hubierais encontrado a Mance Rayder sentado en esa butaca. Estáis cometiendo un tremendo error. Jon Nieve era el mayordomo de Lord Mormont y su escudero. Fue elegido para esa misión porque el Lord Comandante lo consideraba muy prometedor. Y yo también.  —¿Prometedor? —dijo Slynt—. Bueno, la promesa puede resultar falsa. La sangre de Qhorin Mediamano lo salpica. Dices que Mormont confiaba en él, pero ¿de qué vale eso? Sé lo que es que a uno lo traicionen hombres en los que confiaba. Oh, sí. Y también sé cómo se comportan los lobos. —Señaló al rostro de Jon —. Tu padre murió como un traidor.  —Mi padre fue asesinado. —A Jon no le importaba ya qué le hicieran, pero no soportaría más mentiras sobre su padre. Tormenta de espadas Jo...

68_Tormenta de espadas_ Sansa VI

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  —El Consejo Privado del rey me ordenó cortejarte y ganarme tu corazón, mi señora. ¿Qué dices, me aceptarás como señor y esposo?   Lady Lysa hizo un morrito con los labios y lo ayudó a levantarse para estamparle un beso en la mejilla.   —Bueno, es posible que me deje convencer. —Soltó una risita—. ¿Me has traído regalos que predispongan mi corazón?  —La paz del rey.  —Oh, a la porra la paz del rey, ¿qué más me traes?  —A mi hija. —Meñique hizo un gesto con la mano a Sansa para que se adelantara—. Mi señora, permite que te presente a Alayne Piedra. Tormenta de espadas Sansa. VI

67_Tormenta de espadas_Jaime VIII

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  Cuando vuestros Hermanos Juramentados estén en el patio, entrenándose con la espada y el escudo, vos os podréis entrenar con la cuchara y el tenedor. A Tommen le encantan las tartas de manzana. Tratad de que no se las robe ningún mercenario.  —¿Vos os atrevéis a hablarme así? ¿Vos?   —Tendríais que haber muerto antes de permitir que os arrebataran a Tommen.  —¿Igual que moristeis vos protegiendo a Aerys, ser? —Ser Boros se puso en pie y echó la mano al pomo de la espada—. No pienso tolerar esto, ¡no lo voy a tolerar! Si alguien tiene que dedicarse a probar comida, mejor lo haríais vos. ¿Para qué otra cosa vale un tullido?  —Estoy de acuerdo —dijo Jaime con una sonrisa—. Soy tan incapaz de proteger al rey como vos. De modo que dejad de acariciar esa espada y desenvainadla, veremos qué tal os sirven vuestras dos manos contra la mía. Tormenta de espadas Jaime VIII

66_Tormenta de espadas_Tyrion IX

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  -... Fue Lord Tywin quien puso a los hijos de mi hermana ante el rey Robert, envueltos en capas escarlata de los Lannister.  —Esto lo tendríais que hablar con mi padre, él era el que estaba allí. Yo estaba en la Roca y era tan joven que pensaba que la cosa que tenía entre las piernas sólo valía para mear.  —Sí, pero ahora estáis aquí, y me atrevo a decir que en una situación un tanto comprometida. Vuestra inocencia puede ser tan evidente como la cicatriz que tenéis en la cara, pero eso no os va a salvar. Y tampoco vuestro padre. —El príncipe dorniense sonrió —. En cambio yo sí podría.  —¿Vos? —Tyrion lo miró bien—. Sólo sois uno de los tres jueces, ¿cómo me podríais salvar ?  Tormenta de espadas Tyrion IX

65_Tormenta de espadas_Arya XII

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  Chapoteó por las aguas bajas y se lanzó a las más profundas moviendo las patas. La corriente era fuerte, pero ella lo era más. Nadó guiada por el olfato. Los olores del río eran húmedos e intensos, pero no eran esos olores los que la impulsaban. Nadó en pos de la estela de sangre fría, del dulce hedor empalagoso de la muerte. La persiguió como tantas veces había perseguido a un ciervo entre los árboles y al final la atrapó, y cerró las mandíbulas en torno a un brazo blanco. Lo sacudió para hacer que se moviera, pero en la boca sólo tenía muerte y sangre. Estaba empezando a cansarse, y tuvo que hacer un esfuerzo para tirar del cuerpo hasta la orilla. Cuando lo consiguió arrastrar hasta el barro uno de sus hermanos pequeños se acercó con la lengua fuera. Tuvo que espantarlo de un gruñido para que no se alimentara. Sólo entonces hizo una pausa para sacudirse el agua del pelaje. La cosa blanca yacía de bruces sobre el lodo, con la carne muerta arrugada y pálida, con un reguero de san...

64_Tormenta de espadas_Jon VI

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  Los mamuts estaban en el centro de las filas de salvajes, eran más de cien, todos cabalgados por gigantes que esgrimían mazas y grandes hachas de piedra. Otros gigantes caminaban a su lado y empujaban un gran tronco de árbol sobre enormes ruedas de madera. Uno de los extremos estaba muy afilado. «Un ariete», pensó con desánimo. Si la puerta de abajo aún resistía bastarían unos cuantos besos de aquella monstruosidad para reducirla a astillas. A ambos lados de los gigantes avanzaban los jinetes con arneses de cuero reforzado y lanzas endurecidas al fuego, incontables arqueros y cientos de hombres a pie con arpones, hondas, porras y escudos de cuero. Los carretones de huesos de la Costa Helada traqueteaban en los flancos tras las reatas de perros blancos que saltaban sobre las rocas y las raíces al descubierto. «La furia de los salvajes», pensó Jon mientras escuchaba el sonido agudo de las gaitas, los ladridos y aullidos de los perros, el barritar de los mamuts, los gritos y silbido...