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Mostrando entradas de julio, 2025

01_Tormenta de espadas_Jaime I

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  —Me llamo Brienne —repitió ella, terca como una mula.  —¿Lady Brienne? —La moza hizo tal mueca de incomodidad que percibió un punto débil —. ¿O tal vez os gustaría más que os llamara Ser Brienne? —Se echó a reír— . No, me temo que no. Se puede equipar una vaca lechera con ataharre, capizana y testera, y cubrirla con un manto de seda, pero eso no significa que se pueda montar para ir a la batalla.  —Primo Jaime, por favor, no debes hablar con tanta rudeza. —Bajo la capa, Ser Cleos llevaba un chaleco con los torreones gemelos de la Casa Frey y el león dorado de los Lannister—. Tenemos un largo viaje por delante; no debemos pelear entre nosotros.  —Cuando yo peleo, lo hago con una espada, primo. Estaba conversando con la dama. Decidme, moza, ¿todas las mujeres de Tarth son tan bastas como vos? Si es así, siento lástima por los hombres. Quizá no sepan cómo es una mujer de verdad, pues viven en una montaña lúgubre en el mar. Tormenta de espadas Jaime I

00_Tormenta de espadas

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  Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuooooooooooooooooooooo.  El sonido siguió y siguió, hasta parecer que no iba a terminar nunca. Los cuervos aleteaban, graznaban, revoloteaban dentro de sus jaulas y chocaban contra los barrotes, y por todo el campamento se levantaban los hermanos de la Guardia de la Noche, se ponían las armaduras, se ceñían los cinturones de los que colgaban las espadas y echaban mano a los arcos y hachas de batalla. Samwell Tarly estaba de pie, temblando, con el rostro del mismo color de la nieve que se arremolinaba en torno a ellos.  —Tres —chilló, dirigiéndose a Chett—, han sido tres, he oído tres. No han tocado tres nunca. Jamás, en miles y miles de años. Tres significa...  —Los Otros. Tormenta de espadas. Prólogo