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61_Tormenta de espadas_ Sansa V

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  Cuando se la consiguió soltar la larga cabellera castaño rojiza le cayó sobre los hombros. El entramado de hilo de plata le brilló entre los dedos, las piedras relucían negras a la luz de la luna. «Amatistas negras de Asshai.» Faltaba una. Sansa se acercó la redecilla a los ojos para verlo mejor. Había una mancha negra en la cavidad de plata de la que se había desprendido la gema.  De repente le entró pánico, el corazón le golpeó contra las costillas y contuvo la respiración un instante.  «¿Por qué tengo tanto miedo? No es más que una amatista, una amatista negra de Asshai, nada más. Tormenta de espadas Sansa. V

60_Tormenta de espadas_Tyrion VIII

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—¡Se está ahogando! —exclamó la reina Margaery. Su abuela corrió a su lado.  —¡Ayudad al pobre muchacho! —gritó la Reina de Espinas con una voz que era diez veces su estatura—. ¡Imbéciles! ¿Os vais a quedar ahí mirando? ¡Ayudad a vuestro rey! Ser Garlan empujó a Tyrion a un lado y empezó a golpear a Joffrey en la espalda. Ser Osmund Kettleblack le abrió el cuello del jubón. De la garganta del muchacho salió un sonido agudo espantoso, como el de alguien que tratara de sorber todo un río a través de un junco hueco; luego el sonido cesó y el silencio fue aún más espantoso. Tormenta de espadas Tyrion VIII

59_Tormenta de espadas_ Sansa IV

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  —Cuidado, Alteza —avisó Ser Addam Marbrand al rey—. El acero valyrio es peligroso, corta mucho.  —Lo recuerdo. —Joffrey empuñó a Lamento de Viuda con las dos manos y, con todas sus fuerzas, lanzó un tajo contra el libro que Tyrion le acababa de regalar. La gruesa portada de cuero se partió en dos—. ¡Vaya si corta! No es la primera vez que veo acero valyrio. Le hicieron falta una docena de tajos más para partir en dos el grueso tomo. Cuando lo consiguió, el muchacho estaba jadeante. Sansa vio cómo su señor esposo luchaba por contener la ira.  Tormenta de espadas Sansa. IV

58_Tormenta de espadas_Tyrion VII

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  Decidió que Sansa no tenía por qué saber cómo habían destrozado y mutilado el cuerpo de su hermano, ni cómo habían tirado el cadáver desnudo de su madre al Forca Verde en una parodia salvaje de las costumbres funerarias de la Casa Tully. Lo que menos falta le hacía a la chiquilla era más alimento para sus pesadillas.  Pero no fue suficiente. Le había envuelto los hombros con la capa, había jurado protegerla, pero no había sido más que una burla tan cruel como la corona que los Frey habían puesto sobre la cabeza del huargo de Robb Stark después de coserla a su cadáver decapitado. Sansa también lo sabía. Su manera de mirarlo, su rigidez cuando se metía en la cama que compartían... Cuando estaba con ella no podía olvidar ni por un instante quién era y qué era. Ella tampoco. Seguía yendo todas las noches a rezar al bosque de dioses, y Tyrion se preguntaba si no les pediría su muerte. Había perdido su hogar, su lugar en el mundo y a todos aquellos a los que había amado, a todos e...

57_Tormenta de espadas_Daenerys V

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  Todo Meereen parecía estarlo animando; en comparación, los gritos de apoyo de los asediantes parecían pocos y bajos; los Inmaculados, formados en filas, guardaban silencio y observaban con rostros como tallados en piedra. Belwas también parecía de piedra. Estaba de pie, en el camino del caballo, con el chaleco tenso en las anchas espaldas. La lanza de Oznak le apuntaba directa al pecho. La brillante punta de acero centelleaba a la luz del sol.  «Lo va a empalar», pensó... y en ese momento el eunuco giró a un lado. Rápido como un parpadeo, el jinete pasó de largo, empezó a girar y alzó la lanza. Belwas no hizo ademán alguno de atacarlo. Los meereenos de las murallas gritaron todavía más.  —¿Qué está haciendo? —preguntó Dany.  —Quiere ofrecer un buen espectáculo a la turba. Tor menta de espadas Daenerys V

56_Tormenta de espadas_Bran IV

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Del pozo salió un aullido, un chillido tan aterrador que lo taladró como un cuchillo. Una enorme forma negra salió del pozo a la oscuridad y se tambaleó hacia la zona iluminada por la luna, y el miedo invadió a Bran en una ola tan arrasadora que ni siquiera se le ocurrió desenvainar la espada de Hodor tal como había pensado, y de repente volvió a encontrarse en el suelo.  —¡Hodor, Hodor, Hodor! —rugía Hodor, como en el lago cada vez que brillaba un relámpago. Pero la criatura que había salido a la noche también gritaba y se debatía como un loco entre los pliegues de la red de Meera. Bran vio la lanza relampaguear en la oscuridad, y la criatura se tambaleó y cayó sin dejar de forcejear con la red. El aullido del pozo seguía resonando cada vez con más fuerza. La criatura negra del suelo se debatía y se agitaba.  —¡No, no, por favor, no! —chillaba. Meera estaba de pie junto a él, la luz de la luna arrancaba destellos plateados de las púas de la fisga.  —¿Quién eres? —pregun...

55_Tormenta de espadas_Jon V

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  Jon vio que la flecha era negra, pero la emplumadura era de plumas blancas de pato. «No es mía —se dijo—. No es una de las mías.» Pero se sentía como si lo fuera.  Cuando se arrodilló en la nieve junto a ella la muchacha abrió los ojos.  —Jon Nieve —dijo en voz muy baja. Por su sonido la flecha le había perforado un pulmón—. ¿Esto es un castillo de verdad? ¿No una simple torre?  —Sí —contestó Jon cogiéndole la mano.  —Bien —susurró—. Quería ver un castillo de verdad antes de... antes de...  Tormenta de espadas Jon.V

54_Tormenta de espadas_Davos V

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  —Adoraba a falsos dioses —apuntó Devan—, pero por lo demás fue un gran rey y muy valiente en las batallas.  —Es verdad —asintió Edric Tormenta—, pero mi padre era más valiente aún. El Joven Dragón no ganó nunca tres batallas el mismo día.  —¿El tío Robert ganó tres batallas en un día? —La princesa lo miraba con los ojos muy abiertos.  —Fue cuando vino para convocar a sus señores vasallos —dijo el bastardo con un gesto de asentimiento—. Los señores Grandison, Cafferen y Fell planeaban unir sus fuerzas en Refugio Estival y atacar Bastión de Tormentas, pero mi padre se enteró gracias a un informador y enseguida se puso en marcha con sus caballeros y escuderos. A medida que los conspiradores iban llegando a Refugio Estival uno a uno, los fue derrotando por turnos antes de que pudieran reunirse con los otros. Mató a Lord Fell en combate singular y capturó a su hijo Hacha de Plata.  —¿Fue así de verdad? —preguntó Devan a Pylos.  —Ya te he dicho que sí —respo...

53_Tormenta de espadas_Tyrion VI

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  Joffrey llevaba su habitual mueca hosca dibujada en la cara. Cersei lo tenía agarrado por los hombros, aunque tal vez habría hecho mejor en sujetarlo por el cuello. El chico los sorprendió a todos. En vez de arrastrarse hasta debajo de su roca, Joff se levantó, desafiante.  —Hablas mucho de Aerys, abuelo, pero la verdad es que le tenías miedo.   «Vaya, vaya, esto se pone interesante», pensó Tyrion.  Lord Tywin observó a su nieto en silencio, en sus ojos color verde claro brillaban motas doradas.  —Pídele perdón a tu abuelo —dijo Cersei.  —¿Por qué? —preguntó el chico librándose de sus manos—. Es verdad, lo sabe todo el mundo. Mi padre ganó todas las batallas. Mató al príncipe Rhaegar y se hizo con la corona, mientras tu padre, madre, se escondía bajo Roca Casterly. —Lanzó una mirada retadora a su abuelo—. Un rey fuerte se comporta con osadía, no se limita a hablar.  —Gracias por compartir tu sabiduría, Alteza —dijo Lord Tywin con una cortesía tan ...

52_Tormenta de espadas_Arya XI

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 —Mi hermano...  —Muerto —le replicó a gritos—. ¿O piensas que iban a matar a sus hombres para dejarlo a él con vida? —Volvió la cabeza hacia el campamento—. Mira. ¡Que mires, maldita sea!  El campamento se había convertido en un campo de batalla. «No, en un matadero.» Las llamas de las tiendas del banquete se alzaban hasta acariciar el cielo. Algunas tiendas barracón también ardían, así como medio centenar de pabellones de seda. Las espadas cantaban por doquier.  «Sí, ahora las lluvias lloran en sus salones, y ni un alma oírlas puede.» Tormenta de espadas Arya XI

51_Tormenta de espadas_Catelyn VII

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  En aquel momento, el tablero de mesa que el Pequeño Jon había lanzado sobre Robb se movió, y su hijo se incorporó sobre las rodillas. Tenía una flecha en el costado, otra en la pierna y una tercera en el pecho. Lord Walder alzó una mano, y toda la música excepto un tambor cesó al instante. A los oídos de Catelyn llegó el fragor lejano de la batalla, y el aullido salvaje, más cercano, de un lobo.  «Viento Gris», recordó demasiado tarde.  —Je, je —se burló Lord Walder de Robb—. E l Rey en el Norte se levanta. Parece ser que hemos matado a unos cuantos de vuestros hombres, Alteza. Pero os pediré disculpas y asunto arreglado, je, je.  Tormenta de espadas Catelyn VII

50_Tormenta de espadas_Arya X

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  ...de repente tuvieron ante ellos los castillos, el río y los campamentos. Había cientos de caballos y millares de hombres, la mayor parte de los cuales pululaba en torno a tres gigantescas tiendas de festejos que se alzaban juntas frente a las puertas del castillo, como tres enormes salones de lona. Robb había montado su campamento a buena distancia de las murallas, en terrenos más elevados y secos, pero el Forca Verde se había desbordado y había arrastrado incluso algunas tiendas colocadas con menos cuidado.  Allí la música de los castillos sonaba con más fuerza. El sonido de los tambores retumbaba por el campamento. Los músicos del castillo más cercano tocaban una canción diferente a la de los del castillo de la otra orilla, de manera que más que música aquello parecía una batalla.  —No lo hacen nada bien —observó Arya. El Perro emitió un sonido que podía pasar por una carcajada.  —Seguro que alguna vieja sorda en Lannisport se está quejando del ruido. Tenía ent...

49_Tormenta de espadas_Catelyn VI

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  —¡Mi señor! —recordó Catelyn de repente—. Os agradeceríamos de corazón que nos dierais algo de comer. Hemos cabalgado muchas leguas bajo la lluvia.  —Queréis comer, je, je. —La boca de Walder Frey se movía como si tuviera vida propia—. Un trozo de pan, un poco de queso, hasta a lo mejor una salchicha.  —Un poco de vino para pasarlo —dijo Robb—. Y sal.  —Pan y sal. Je, je. Claro, claro. —El anciano dio unas palmadas y varios criados entraron en la estancia. Portaban jarras de vino y bandejas con pan, queso y mantequilla. Lord Walder cogió una copa de tinto, la alzó con una mano llena de manchas y dijo— : Sois mis invitados. Mis honorables huéspedes. Os doy la bienvenida a mi mesa, bajo mi techo.  —Os agradecemos vuestra hospitalidad, mi señor —respondió Robb. Edmure también le dio las gracias, junto con el Gran Jon, Ser Marq Piper y los demás. Bebieron su vino y comieron su pan y su mantequilla. Catelyn probó el vino y mordisqueó un trozo de pan, y se empez...

48_Tormenta de espadas_Jon VI

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  ...¿Se ha avisado a Invernalia? ¿Al rey? —El sudor le corría por la frente. Tuvo que cerrar los ojos un instante.  Grenn y Pyp intercambiaron una mirada extraña.  —No lo sabe.  —Jon —dijo el maestre Aemon— , mientras estabas fuera han pasado muchas cosas, y ninguna buena. Balon Greyjoy volvió a coronarse rey y envió sus barcos contra el norte. Los reyes se multiplican como malas hierbas, hemos enviado peticiones de ayuda a todos, pero ninguno nos la manda. Tienen cosas más urgentes en las que ocupar sus espadas; nosotros estamos demasiado lejos, nos han olvidado. En cuanto a Invernalia... Sé fuerte, Jon... Invernalia ya no existe...  —¿Que ya no existe? —Jon se quedó mirando los ojos blancos y el rostro arrugado de Aemon— . Mis hermanos están en Invernalia. Bran y Rickon...   —Lo siento muchísimo, Jon. —El maestre se llevó una mano a la frente —. Tus hermanos murieron por orden de Theon Greyjoy después de que tomara Invernalia en nombre de su padre. Cu...

47_Tormenta de espadas_Arya IX

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  El Perro soltó un bufido que daba a entender hasta qué punto la creía, pero le entregó una gruesa rodaja de salchicha. Arya la masticó sin dejar de mirarlo.  —No pegué nunca a tu hermana —dijo el Perro— , pero, si me obligas, te daré una paliza. Así que deja de pensar cómo matarme, porque no te va a servir de nada.  No tenía respuesta para aquello. Siguió royendo la salchicha mientras lo miraba con ojos gélidos.  «Dura como la piedra», pensó.  —Al menos tú me miras a la cara. No es poco mérito, pequeña loba. ¿Qué, te gusta ?  —No. Es muy fea y está toda quemada.  —Eres una estúpida . —Clegane le ofreció un trozo de queso pinchado en la punta de la daga— . ¿De qué te serviría escapar? Lo único que conseguirías es que te cogiera alguien peor que yo.   —No —replicó ella—. No hay nadie peor.  —Se ve que no conoces a mi hermano. Tormenta de espadas Arya IX

46_Tormenta de espadas_Samwell III

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  —¿Elí? —llamó—. Elí, lo he matado, lo...  La chica estaba de pie con la espalda contra el arciano y el niño en brazos. Los espectros la rodeaban. Eran doce, veinte, más... Algunos habían sido salvajes, aún vestían pieles... pero la mayoría habían sido sus hermanos. Sam vio a Lark de las Hermanas, a Piesligeros, a Ryles. El quiste del cuello de Chett estaba negro y una fina película de hielo le cubría los forúnculos. Había uno que parecía Hake, aunque no se podía saber bien, ya que le faltaba la mitad de la cabeza. Habían despedazado al pobre caballo y le estaban sacando las entrañas con las manos ensangrentadas. Del vientre le salía un vapor blanquecino.  Sam dejó escapar un quejido gimoteante.  —No es justo...   —Justo. —El cuervo se le posó en el hombro—. Justo, justo, justo. Tormenta de espadas Samwell II

45_Tormenta de espadas_Catelyn V

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—¿De quién es esta tumba? —preguntó Robb examinando el sepulcro.   —Aquí yace Tristifer, el cuarto de su nombre, Rey de los Ríos y las Colinas. —Su padre le había contado una vez su historia—. Su reino se extendía desde el Tridente al Cuello, eso fue miles de años antes de Jenny y de su príncipe, en los tiempos en que los reinos de los primeros hombres caían uno tras otro ante las acometidas de los ándalos. Lo llamaban «Martillo de Justicia». Luchó en cien batallas y venció en noventa y nueve, o eso dicen los bardos, y cuando erigió este castillo era el más fuerte de Poniente. —Puso una mano en el hombro de su hijo—. Murió en su centésima batalla, cuando siete reyes ándalos unieron sus fuerzas contra él. El quinto Tristifer no estuvo a su altura y no tardó en perder el reino, luego el castillo y, por último, el linaje. Con Tristifer el quinto de su nombre murió la Casa Mudd, que había reinado en las tierras de los ríos durante mil años antes de que llegaran los ándalos.  —S...

44_Tormenta de espadas_Jaime VI

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  Las sombras desmontaron de sus caballos espectrales. No hicieron ruido alguno al desenvainar las espadas largas.  —Iba a quemar la ciudad —dijo Jaime—. No quería dejar más que cenizas para Robert.  —Era vuestro rey —dijo Darry.   —Jurasteis protegerlo —dijo Whent.  — Y también a los niños —apuntó el príncipe Lewyn.  — Dejé en vuestras manos a mi esposa y a mis hijos. —El príncipe Rhaegar ardía con luz fría, blanca, roja y oscura alternativamente.  —Jamás pensé que les haría daño . —La luz de la espada de Jaime era cada vez menos brillante—. Yo estaba con el rey...   —Matando al rey —dijo Ser Arthur.  —Cortándole el cuello —dijo el príncipe Lewyn.  — El mismo rey por el que juraste que darías la vida —dijo el Toro Blanco.  Las llamas que recorrían la hoja de la espada se estaban apagando, y Jaime recordó lo que había dicho Cersei. «No.» El terror le atenazó la garganta como un puño. De pronto, la espada se le quedó a oscuras...

43_Tormenta de espadas_Arya VIII

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  —Somos hermanos de leche, no de sangre. Cuando era pequeño mi señora madre no tenía leche, así que Wylla tuvo que amamantarme.  —¿Quién es Wylla? —Arya seguía sin entender.   —La madre de Jon Nieve. ¿No te lo contó nunca? Fue criada nuestra durante muchísimos años. Desde antes de que naciera yo.  —Jon no conoció a su madre; tampoco sabía cómo se llamaba. — Arya miró a Ned con desconfianza—. ¿La conoces de verdad? —«¿Se está burlando de mí?»—. Como sea mentira te arrearé un puñetazo en la nariz.  —Wylla fue mi ama de cría —insistió el muchacho con tono solemne—. Lo juro por el honor de mi Casa.  —¿Tienes una Casa? —Era una pregunta idiota; era escudero, claro que tenía una Casa—. ¿Quién eres?  —Mi señora... —Ned titubeó, avergonzado—. Soy Edric Dayne... Señor de Campoestrella. Tormenta de espadas Arya VIII

42_Tormenta de espadas_Daenerys IV

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         Si aquel tyroshi había ido a espiarlos, aquella declaración podía no ser más que un intento desesperado para salvarse.  —¿Qué dicen de esto Prendahl na Ghezn y Sallor?  — Poca cosa. —Daario volcó el saco y las cabezas de Sallor el Calvo y Prendahl na Ghezn rodaron por las alfombras—. Son mis obsequios para la reina dragón.  Viserion olisqueó la sangre que rezumaba del cuello de Prendahl y lanzó una llamarada que dio de pleno en la cara del muerto, y ennegreció y chamuscó las mejillas cadavéricas. Drogon y Rhaegal se agitaron ante el olor de la carne asada.  —¿Habéis sido vos? —preguntó Dany, asqueada.  —En persona.  Si la presencia de los dragones ponía nervioso a Daario Naharis, lo disimulaba muy bien. Tor menta de espadas Daenerys IV

41_Tormenta de espadas_Jon V

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  Y la muerte se abalanzó sobre ellos.  La luz del rayo había deslumbrado a Jon, pero llegó a vislumbrar la sombra que se lanzaba contra ellos un instante antes de oír el chillido. El primer thenita murió igual que el viejo, con la garganta destrozada. Luego, la luz desapareció y la sombra se convirtió en un remolino que gruñía, y otro hombre cayó en la oscuridad. Se oyeron maldiciones, gritos, aullidos de dolor... Jon vio caer a Forúnculo hacia atrás, derribando a tres hombres que tenía a la espalda.  «Fantasma —pensó durante un instante demencial—. Fantasma ha saltado el Muro. —Luego, el relámpago transformó la noche en día y vio al lobo con las patas sobre el pecho de Del; las fauces chorreaban sangre—. Gris. Es gris.»   Tormenta de espadas Jon.V

40_Tormenta de espadas_Bran III

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  Bran percibió el miedo de Verano en aquel momento de brillo. Cerró los dos ojos, abrió un tercero y se desprendió de su piel de niño como si fuera una capa mientras dejaba atrás la torre...  Y se encontró fuera, bajo la lluvia, con la barriga llena de ciervo, acobardado entre los arbustos mientras el cielo se rompía y rugía sobre él. El olor de las manzanas podridas y las hojas húmedas casi ocultaba el del hombre, pero allí estaba. Oyó el tintineo y el roce de la pieldura; vio a los hombres moverse entre los árboles. Uno que portaba un palo se movía con torpeza, llevaba una piel en la cabeza que lo dejaba ciego y sordo. El lobo dio un rodeo para esquivarlo; se metió entre las ramas chorreantes de un espino y bajo las ramas desnudas de un manzano. Los oía hablar, y allí, por debajo de los olores de lluvia, hojas y caballo, le llegó el hedor agudo, rojo, del miedo... Tormenta de espadas. Bran III

39_Tormenta de espadas_Arya VII

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  —En la colina hueca... No sé, me gustó lo que dijisteis de que erais hombres del rey Robert y también hermanos. Me gustó que juzgarais al Perro. Lord Bolton lo que hacía era cortar cabezas y ahorcar a la gente, y Lord Tywin y Amory igual. Prefiero trabajar como herrero para vosotros.  — Tenemos muchas armaduras que necesitan arreglos, mi señor —le recordó Jack a Lord Beric—. La mayor parte se las cogemos a los muertos, y tienen los agujeros por los que les entró la muerte.  —Tú debes de ser corto de entendederas, chico —dijo Lim—. Somos bandidos. La mayoría somos escoria de baja estofa, menos su señoría, claro. No te creas que esto es como en las canciones del bobo de Tom. No le arrancarás un beso a ninguna princesa ni participarás en un torneo con una armadura robada. Si te unes a nosotros, acabarás colgado de un árbol o con la cabeza en una pica sobre las puertas de cualquier castillo. Tormenta de espadas Arya VII

38_Tormenta de espadas_Tyrion V

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  — Se dice —lo interrumpió Oberyn cambiando de tema con brusquedad— que en el banquete de bodas del Rey se servirán setenta y siete platos.  — ¿Tenéis hambre, mi príncipe?  — Hace mucho tiempo que tengo hambre. Pero no de comida. Decid, por favor, ¿cuándo se servirá la justicia?  — La justicia. —«Sí, claro, por eso ha venido, tendría que habérmelo imaginado»—. ¿Estabais muy unido a vuestra hermana? — De niños, Elia y yo éramos inseparables, como vuestra hermana y vuestro hermano.  «Dioses, espero que no.»  — Las guerras y los matrimonios nos han tenido muy ocupados a todos, príncipe Oberyn. Mucho me temo que nadie ha tenido tiempo para ocuparse de asesinatos cometidos hace dieciséis años, por horribles que fueran. Tormenta de espadas Tyrion V

37_Tormenta de espadas_Jaime V

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  Miró a Jaime sin parpadear, expectante, gélido.  «Ya entiendo.»  —Queréis que os absuelva de toda culpa. Que le diga a mi padre que este muñón no es cosa vuestra. —Jaime se echó a reír—. Mi señor, enviadme con Cersei y cantaré la canción más dulce que podáis imaginar acerca de lo bien que me habéis tratado . —Sabía que era la única respuesta posible; si daba otra, Bolton lo entregaría a la Cabra—. Si tuviera mano, os lo dejaría por escrito. Diría cómo me mutiló el mercenario que mi padre trajo a Poniente y cómo me salvó el noble Lord Bolton. Tormenta de espadas Jaime V

36_Tormenta de espadas_Davos IV

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  —Todo hombre tiene el deber de permanecer leal a su legítimo rey, aunque el señor al que sirve lo traicione —declaró Stannis en un tono que no admitía discusión.  Una insensatez desesperada se apoderó de Davos, una imprudencia cercana a la locura.  — ¿Cómo vos permanecisteis leal al rey Aerys cuando vuestro hermano alzó sus estandartes? —soltó con brusquedad.  Se hizo un silencio tenso.  —¡Traición! —gritó Ser Axell al tiempo que desenvainaba la daga—. ¡Alteza, se atreve a deciros semejantes infamias a la cara!  Davos oyó cómo Stannis rechinaba los dientes. En la frente del Rey palpitaba una vena azul, hinchada. Sus ojos se encontraron.  —Guardad el cuchillo, Ser Axell. Dejadnos a solas. Choque de reyes. Davos IV

35_Tormenta de espadas_Catelyn IV

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  Los siete bajaron a Lord Hoster por la escalera del agua, chapoteando en los escalones a medida que subía el rastrillo. Cuando depositaron el bote en la corriente, Lothar Frey, un hombre corpulento y de carnes blandas, respiraba jadeante. Jason Mallister y Tytos Blackwood, que se ocupaban de la proa, se metieron hasta el pecho en el río para guiar la barca.  Catelyn lo contemplaba todo desde las almenas; esperaba y miraba, como había esperado y mirado tantas veces en el pasado. Abajo, la corriente rápida del Piedra Caída se clavaba como una lanza en el costado del ancho Forca Roja, y sus aguas azules y blancas agitaban el curso rojizo y marrón del río principal. La neblina de la mañana pendía sobre las aguas, tan tenue y sutil como los jirones del recuerdo.  Tormenta de espadas Catelyn IV «Bran y Rickon lo estarán esperando —pensó Catelyn con tristeza—, igual que antes lo esperaba yo.»

34_Tormenta de espadas_Arya VI

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  La fuerza del impacto hizo que saltaran por los aires astillas de madera. Los golpes siguieron cayendo, duros, rápidos, desde abajo, desde arriba, por la derecha, por la izquierda, pero Dondarrion los detuvo todos. Las llamas giraban en torno a su espada, y a su paso dejaban un rastro de fantasmas rojos y amarillos. Cada movimiento de Lord Beric les daba nuevas fuerzas y hacía que ardieran con más brillo, hasta que pareció como si el señor del relámpago estuviera en el centro de una jaula de fuego.  — ¿Es fuego valyrio? —preguntó Arya a Gendry.  — No. Esto es diferente. Esto es...   — ¿Magia? —sugirió ella mientras el Perro retrocedía. Tormenta de espadas Arya VI