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79_Tormenta de espadas_Jon X

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  Se entrenaban juntos todas las mañanas desde que aprendieron a caminar; Nieve y Stark fintaban y esquivaban entre los edificios de Invernalia, gritaban, se reían y, a veces, si nadie los estaba mirando también lloraban. Cuando luchaban no eran niños pequeños, sino caballeros y héroes poderosos. —¡Soy el príncipe Aemon, el Caballero Dragón! —gritaba Jon. —¡Pues yo soy Florian el Bufón! —respondía Robb también a gritos.  —¡Soy el Joven Dragón! —proclamaba Robb en otras ocasiones.  —¡Y yo soy Ser Ryam Redwyne! —decía Jon. Aquella mañana, él había sido el primero. —¡Soy el señor de Invernalia! —exclamó como había hecho antes en cientos de ocasiones.  Pero aquella vez, aquella vez, la respuesta de Robb fue muy diferente. —No puedes ser el señor de Invernalia porque eres bastardo. Mi señora madre dice que nunca serás el señor de Invernalia. Tormenta de espadas Jon.X

78_Tormenta de espadas_Samwell V

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  ...Me temo que no podré seguir defendiendo Rocadragón por mucho más tiempo, pero tal vez el Señor de la Luz nos conceda suficiente fuego helado para armarnos contra estas criaturas antes de que caiga el castillo.  —S-s-señor, la daga... —Sam carraspeó para aclararse la garganta—. Cuando traté de apuñalar a un espectro, el vidriagón se hizo pedazos.  —La necromancia anima a esos espectros —explicó Melisandre con una sonrisa—, pero siguen siendo carne muerta. Para ellos bastará con acero y fuego. En cambio, ésos a los que llamas «los Otros» son diferentes.  —Demonios hechos de nieve, hielo y frío —dijo Stannis Baratheon. Tormenta de espadas Samwell V

77_Tormenta de espadas_Tyrion XI

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  ...dime una cosa, sólo una cosa, y me marcharé. Es una pregunta muy sencilla, lo mínimo que me debes.  —Yo no te debo nada.  —Toda mi vida me has dado menos que nada, pero esto me lo darás. ¿Qué hiciste con Tysha?  —¿Tysha?  «Ni siquiera recuerda su nombre.»  —La chica con la que me casé.  —Ah, sí. Tu primera puta.  —La próxima vez que digas esa palabra, te mataré —amenazó Tyrion, apuntando al pecho de su padre .  Tormenta de espadas Tyrion XI

76_Tormenta de espadas_Jon IX

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  Las tierras de tu padre se desangran y yo no tengo tiempo ni las fuerzas necesarias para restañar las heridas. Lo que hace falta es un señor de Invernalia. Un señor de Invernalia leal a su legítimo rey.  «Me lo está diciendo a mí», pensó Jon con aturdimiento.  —Invernalia no existe ya. Theon Greyjoy la quemó .  —El granito no arde con facilidad —dijo Stannis—. El castillo se puede reconstruir en su momento. Lo que hace a un señor no son los muros, sino el hombre. Tus norteños no me conocen, no tienen ningún motivo para quererme, pero yo necesito su fuerza para las batallas que me aguardan. Necesito a un hijo de Eddard Stark para que gane esas batallas bajo mi estandarte.  «Quiere hacerme señor de Invernalia.» Las ráfagas de viento eran cada vez más fuertes y Jon se sentía tan mareado que temía caer del Muro.  —Alteza, olvidáis que soy un Nieve, no un Stark.  —Eres tú el que olvida con quién está hablando.  Tormenta de espadas Jon.IX

75_Tormenta de espadas_Samwell IV

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 Después de la cena el maestre Aemon se levantó para preguntar si algún hermano quería tomar la palabra antes de votar con las fichas. Edd el Penas se puso en pie, con el semblante tan sombrío como siempre. —Sólo quiero decir a quien quiera que esté votando por mí que sin lugar a dudas sería un pésimo Lord Comandante. Al igual que el resto de los candidatos. Tormenta de espadas Samwell IV

74_Tormenta de espadas_Arya XIII

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  El Cosquillas se encogió de hombros, se irguió y se llevó una mano a la parte trasera de la cabeza para rascarse el cuello. Fue como si todo sucediera a la vez; Sandor se puso en pie de un salto, Polliver desenvainó la espada, y la mano del Cosquillas se movió como un relámpago y envió un rayo plateado que cruzó la sala común. Si el Perro no se hubiera estado moviendo, el cuchillo le habría cortado en dos la nuez de la garganta; en vez de eso sólo le arañó las costillas antes de clavarse vibrante en una pared cerca de la puerta. Sandor se echó a reír, con una risa tan fría y hueca como si viniera del fondo del más profundo de los pozos.  —Estaba deseando que hicierais alguna tontería. Tormenta de espadas Arya XIII  

73_Tormenta de espadas_Jon VIII

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  —Si has tenido el Cuerno de Joramun desde el principio, ¿por qué no lo has usado? — preguntó Jon mirándolo a la cara— . ¿Por qué te has molestado en construir tortugas y mandar thenitas para que nos maten mientras dormimos? Si este cuerno puede hacer lo que dicen las canciones, ¿por qué no lo haces sonar y terminamos de una vez?  Fue Dalla la que le respondió. Tenía la barriga tan grande que apenas si pudo incorporarse sobre el montón de pieles junto al brasero.  —Nosotros, el pueblo libre, sabemos cosas que los arrodillados han olvidado. A veces el camino más corto no es el más seguro, Jon Nieve. El Señor Astado dijo una vez que la brujería es una espada sin empuñadura. No hay manera segura de agarrarla. Tormenta de espadas Jon.VIII

72_Tormenta de espadas_Jaime VIII

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Los rubíes centellearon a la luz. Cogió el tesoro con timidez, cerró los dedos en torno al puño de cuero y, muy despacio, desenvainó la espada. Las ondulaciones brillaban de color sangre y negro. Un dedo de luz se reflejaba a lo largo del filo.  —¿Es acero valyrio? Nunca había visto colores así.  —Ni yo. Hubo un tiempo en el que habría dado la mano derecha por esgrimir una espada como ésta. Parece que lo he hecho, pero conmigo estaría desperdiciada. Es para vos . —Siguió hablando antes de que Brienne tuviera ocasión de rechazarla—. Una espada así tiene que tener nombre. Me complacería mucho si la llamarais Guardajuramentos. Tormenta de espadas Jaime IX

71_Tormenta de espadas_Daenerys VI

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  ...El saqueo de Meereen había sido salvaje, como sucedía con todas las ciudades que caían, pero ahora que ya era suya Dany estaba decidida a poner fin a los destrozos. Decretó que se colgara a los asesinos, que a los saqueadores les fuera cortada una mano, y a los violadores el miembro viril. Ocho asesinos pendían ya de las murallas y los Inmaculados habían llenado un canasto de un celemín con manos ensangrentadas y blandos gusanos rojos, y Meereen volvía a estar en calma.  «¿Durante cuánto tiempo?»  Una mosca le zumbó al lado de la cara. Dany la espantó, molesta, pero volvió al instante.  —En esta ciudad hay demasiadas moscas.   —Esta mañana tenía moscas en la cerveza. Hasta me tragué una . —Ben Plumm soltó una carcajada.  —Las moscas son la venganza de los muertos. —Daario sonrió y se acarició el mechón central de la barba—. Los cadáveres crían gusanos, y los gusanos crían moscas.  —Pues nos libraremos de los cadáveres, empezando por los de la plaz...

70_Tormenta de espadas_Tyrion X

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  —Quiero que lo digas. Era Elia de Dorne.  La Montaña bufó con desprecio y avanzó... y en ese momento el sol irrumpió entre las nubes bajas que habían ocultado el cielo desde el amanecer.  «El sol de Dorne», dijo Tyrion para sus adentros, pero fue Gregor Clegane el primero que se movió para dejar el sol a su espalda. «Es estúpido y brutal, pero tiene los instintos de un guerrero.»  La Víbora Roja se agachó con los ojos entrecerrados y volvió a atacar con la lanza. Ser Gregor intentó cortarla, pero aquello no había sido más que una finta. Perdido el equilibrio, trastabilló y dio un paso.  El príncipe Oberyn inclinó su abollado escudo de metal. Un dardo de luz solar lanzó su destello cegador, se reflejó sobre el oro y el cobre pulidos y entró por la estrecha ranura del yelmo de su enemigo. Clegane levantó el escudo para cubrirse del resplandor. La lanza del príncipe Oberyn se movió como un relámpago y encontró el espacio desprotegido de la pesada armadura, la art...

69_Tormenta de espadas_Jon VII

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 ...Mis señores, cuando Donal Noye fue asesinado quien se hizo cargo del Muro y lo defendió contra toda la furia del norte fue este joven, Jon Nieve. Ha mostrado ser un hombre valiente, leal y lleno de recursos. De no ser por él, vos, Lord Slynt, hubierais encontrado a Mance Rayder sentado en esa butaca. Estáis cometiendo un tremendo error. Jon Nieve era el mayordomo de Lord Mormont y su escudero. Fue elegido para esa misión porque el Lord Comandante lo consideraba muy prometedor. Y yo también.  —¿Prometedor? —dijo Slynt—. Bueno, la promesa puede resultar falsa. La sangre de Qhorin Mediamano lo salpica. Dices que Mormont confiaba en él, pero ¿de qué vale eso? Sé lo que es que a uno lo traicionen hombres en los que confiaba. Oh, sí. Y también sé cómo se comportan los lobos. —Señaló al rostro de Jon —. Tu padre murió como un traidor.  —Mi padre fue asesinado. —A Jon no le importaba ya qué le hicieran, pero no soportaría más mentiras sobre su padre. Tormenta de espadas Jo...

68_Tormenta de espadas_ Sansa VI

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  —El Consejo Privado del rey me ordenó cortejarte y ganarme tu corazón, mi señora. ¿Qué dices, me aceptarás como señor y esposo?   Lady Lysa hizo un morrito con los labios y lo ayudó a levantarse para estamparle un beso en la mejilla.   —Bueno, es posible que me deje convencer. —Soltó una risita—. ¿Me has traído regalos que predispongan mi corazón?  —La paz del rey.  —Oh, a la porra la paz del rey, ¿qué más me traes?  —A mi hija. —Meñique hizo un gesto con la mano a Sansa para que se adelantara—. Mi señora, permite que te presente a Alayne Piedra. Tormenta de espadas Sansa. VI

67_Tormenta de espadas_Jaime VIII

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  Cuando vuestros Hermanos Juramentados estén en el patio, entrenándose con la espada y el escudo, vos os podréis entrenar con la cuchara y el tenedor. A Tommen le encantan las tartas de manzana. Tratad de que no se las robe ningún mercenario.  —¿Vos os atrevéis a hablarme así? ¿Vos?   —Tendríais que haber muerto antes de permitir que os arrebataran a Tommen.  —¿Igual que moristeis vos protegiendo a Aerys, ser? —Ser Boros se puso en pie y echó la mano al pomo de la espada—. No pienso tolerar esto, ¡no lo voy a tolerar! Si alguien tiene que dedicarse a probar comida, mejor lo haríais vos. ¿Para qué otra cosa vale un tullido?  —Estoy de acuerdo —dijo Jaime con una sonrisa—. Soy tan incapaz de proteger al rey como vos. De modo que dejad de acariciar esa espada y desenvainadla, veremos qué tal os sirven vuestras dos manos contra la mía. Tormenta de espadas Jaime VIII

66_Tormenta de espadas_Tyrion IX

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  -... Fue Lord Tywin quien puso a los hijos de mi hermana ante el rey Robert, envueltos en capas escarlata de los Lannister.  —Esto lo tendríais que hablar con mi padre, él era el que estaba allí. Yo estaba en la Roca y era tan joven que pensaba que la cosa que tenía entre las piernas sólo valía para mear.  —Sí, pero ahora estáis aquí, y me atrevo a decir que en una situación un tanto comprometida. Vuestra inocencia puede ser tan evidente como la cicatriz que tenéis en la cara, pero eso no os va a salvar. Y tampoco vuestro padre. —El príncipe dorniense sonrió —. En cambio yo sí podría.  —¿Vos? —Tyrion lo miró bien—. Sólo sois uno de los tres jueces, ¿cómo me podríais salvar ?  Tormenta de espadas Tyrion IX

65_Tormenta de espadas_Arya XII

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  Chapoteó por las aguas bajas y se lanzó a las más profundas moviendo las patas. La corriente era fuerte, pero ella lo era más. Nadó guiada por el olfato. Los olores del río eran húmedos e intensos, pero no eran esos olores los que la impulsaban. Nadó en pos de la estela de sangre fría, del dulce hedor empalagoso de la muerte. La persiguió como tantas veces había perseguido a un ciervo entre los árboles y al final la atrapó, y cerró las mandíbulas en torno a un brazo blanco. Lo sacudió para hacer que se moviera, pero en la boca sólo tenía muerte y sangre. Estaba empezando a cansarse, y tuvo que hacer un esfuerzo para tirar del cuerpo hasta la orilla. Cuando lo consiguió arrastrar hasta el barro uno de sus hermanos pequeños se acercó con la lengua fuera. Tuvo que espantarlo de un gruñido para que no se alimentara. Sólo entonces hizo una pausa para sacudirse el agua del pelaje. La cosa blanca yacía de bruces sobre el lodo, con la carne muerta arrugada y pálida, con un reguero de san...

64_Tormenta de espadas_Jon VI

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  Los mamuts estaban en el centro de las filas de salvajes, eran más de cien, todos cabalgados por gigantes que esgrimían mazas y grandes hachas de piedra. Otros gigantes caminaban a su lado y empujaban un gran tronco de árbol sobre enormes ruedas de madera. Uno de los extremos estaba muy afilado. «Un ariete», pensó con desánimo. Si la puerta de abajo aún resistía bastarían unos cuantos besos de aquella monstruosidad para reducirla a astillas. A ambos lados de los gigantes avanzaban los jinetes con arneses de cuero reforzado y lanzas endurecidas al fuego, incontables arqueros y cientos de hombres a pie con arpones, hondas, porras y escudos de cuero. Los carretones de huesos de la Costa Helada traqueteaban en los flancos tras las reatas de perros blancos que saltaban sobre las rocas y las raíces al descubierto. «La furia de los salvajes», pensó Jon mientras escuchaba el sonido agudo de las gaitas, los ladridos y aullidos de los perros, el barritar de los mamuts, los gritos y silbido...

63_Tormenta de espadas_Davos VI

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  Y sé que un rey protege a su pueblo, de lo contrario no es un rey.  —¿Os estáis burlando de mí? —Stannis tenía el rostro sombrío—. ¿Acaso un contrabandista de cebollas pretende enseñarme cuál es el deber de un rey?  —Si os he ofendido —dijo Davos dejándose caer sobre una rodilla—, cortadme la cabeza. Moriré como he vivido siempre, leal a vos. Pero antes escuchadme. Por las cebollas que os traje y los dedos que me cortasteis, escuchadme.  Stannis, con los tendones del cuello tensos como cuerdas, desenvainó a Dueña de Luz. El brillo de la hoja iluminó la estancia.  —Decid lo que queráis, pero que sea deprisa.  Davos rebuscó entre los pliegues de la capa y sacó el trozo de pergamino arrugado. Era fino y frágil, pero también el único escudo que tenía.  —La Mano del Rey tiene que saber leer y escribir. El maestre Pylos me ha estado enseñando.  Estiró la carta sobre la rodilla y, a la luz de la espada mágica, empezó a leer.  Choque de reyes. Da...

62_Tormenta de espadas_Jaime VII

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  —Vos no tenéis honor. Desenvainad la espada. No quiero que se diga que os maté mientras estabais indefensa.  — Guardad la espada, ser —ordenó Jaime interponiéndose entre ellos.  Ser Loras dio un paso a un lado para esquivarlo.  —¿Sois cobarde, además de asesina, Brienne? ¿Por eso escapasteis, con su sangre en las manos? ¡Desenvainad la espada, mujer!  —Más os vale que no lo haga. —Jaime volvió a cerrarle el paso— . De lo contrario, será vuestro cadáver el que tengamos que retirar. La moza es tan fuerte como Gregor Clegane, aunque no sea tan bonita.  —Esto no os concierne, ser. —Ser Loras lo apartó a un lado.  —Soy el Lord Comandante de la Guardia Real, mocoso arrogante. —Jaime agarró al muchacho con la mano buena y lo zarandeó—. Soy tu comandante, al menos mientras vistas esa capa blanca. Ahora, envaina esa espada de mierda, o te la quitaré y te la meteré hasta un lugar que ni siquiera Renly encontró jamás. Tormenta de espadas Jaime VII

61_Tormenta de espadas_ Sansa V

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  Cuando se la consiguió soltar la larga cabellera castaño rojiza le cayó sobre los hombros. El entramado de hilo de plata le brilló entre los dedos, las piedras relucían negras a la luz de la luna. «Amatistas negras de Asshai.» Faltaba una. Sansa se acercó la redecilla a los ojos para verlo mejor. Había una mancha negra en la cavidad de plata de la que se había desprendido la gema.  De repente le entró pánico, el corazón le golpeó contra las costillas y contuvo la respiración un instante.  «¿Por qué tengo tanto miedo? No es más que una amatista, una amatista negra de Asshai, nada más. Tormenta de espadas Sansa. V

60_Tormenta de espadas_Tyrion VIII

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—¡Se está ahogando! —exclamó la reina Margaery. Su abuela corrió a su lado.  —¡Ayudad al pobre muchacho! —gritó la Reina de Espinas con una voz que era diez veces su estatura—. ¡Imbéciles! ¿Os vais a quedar ahí mirando? ¡Ayudad a vuestro rey! Ser Garlan empujó a Tyrion a un lado y empezó a golpear a Joffrey en la espalda. Ser Osmund Kettleblack le abrió el cuello del jubón. De la garganta del muchacho salió un sonido agudo espantoso, como el de alguien que tratara de sorber todo un río a través de un junco hueco; luego el sonido cesó y el silencio fue aún más espantoso. Tormenta de espadas Tyrion VIII

59_Tormenta de espadas_ Sansa IV

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  —Cuidado, Alteza —avisó Ser Addam Marbrand al rey—. El acero valyrio es peligroso, corta mucho.  —Lo recuerdo. —Joffrey empuñó a Lamento de Viuda con las dos manos y, con todas sus fuerzas, lanzó un tajo contra el libro que Tyrion le acababa de regalar. La gruesa portada de cuero se partió en dos—. ¡Vaya si corta! No es la primera vez que veo acero valyrio. Le hicieron falta una docena de tajos más para partir en dos el grueso tomo. Cuando lo consiguió, el muchacho estaba jadeante. Sansa vio cómo su señor esposo luchaba por contener la ira.  Tormenta de espadas Sansa. IV

58_Tormenta de espadas_Tyrion VII

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  Decidió que Sansa no tenía por qué saber cómo habían destrozado y mutilado el cuerpo de su hermano, ni cómo habían tirado el cadáver desnudo de su madre al Forca Verde en una parodia salvaje de las costumbres funerarias de la Casa Tully. Lo que menos falta le hacía a la chiquilla era más alimento para sus pesadillas.  Pero no fue suficiente. Le había envuelto los hombros con la capa, había jurado protegerla, pero no había sido más que una burla tan cruel como la corona que los Frey habían puesto sobre la cabeza del huargo de Robb Stark después de coserla a su cadáver decapitado. Sansa también lo sabía. Su manera de mirarlo, su rigidez cuando se metía en la cama que compartían... Cuando estaba con ella no podía olvidar ni por un instante quién era y qué era. Ella tampoco. Seguía yendo todas las noches a rezar al bosque de dioses, y Tyrion se preguntaba si no les pediría su muerte. Había perdido su hogar, su lugar en el mundo y a todos aquellos a los que había amado, a todos e...

57_Tormenta de espadas_Daenerys V

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  Todo Meereen parecía estarlo animando; en comparación, los gritos de apoyo de los asediantes parecían pocos y bajos; los Inmaculados, formados en filas, guardaban silencio y observaban con rostros como tallados en piedra. Belwas también parecía de piedra. Estaba de pie, en el camino del caballo, con el chaleco tenso en las anchas espaldas. La lanza de Oznak le apuntaba directa al pecho. La brillante punta de acero centelleaba a la luz del sol.  «Lo va a empalar», pensó... y en ese momento el eunuco giró a un lado. Rápido como un parpadeo, el jinete pasó de largo, empezó a girar y alzó la lanza. Belwas no hizo ademán alguno de atacarlo. Los meereenos de las murallas gritaron todavía más.  —¿Qué está haciendo? —preguntó Dany.  —Quiere ofrecer un buen espectáculo a la turba. Tor menta de espadas Daenerys V

56_Tormenta de espadas_Bran IV

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Del pozo salió un aullido, un chillido tan aterrador que lo taladró como un cuchillo. Una enorme forma negra salió del pozo a la oscuridad y se tambaleó hacia la zona iluminada por la luna, y el miedo invadió a Bran en una ola tan arrasadora que ni siquiera se le ocurrió desenvainar la espada de Hodor tal como había pensado, y de repente volvió a encontrarse en el suelo.  —¡Hodor, Hodor, Hodor! —rugía Hodor, como en el lago cada vez que brillaba un relámpago. Pero la criatura que había salido a la noche también gritaba y se debatía como un loco entre los pliegues de la red de Meera. Bran vio la lanza relampaguear en la oscuridad, y la criatura se tambaleó y cayó sin dejar de forcejear con la red. El aullido del pozo seguía resonando cada vez con más fuerza. La criatura negra del suelo se debatía y se agitaba.  —¡No, no, por favor, no! —chillaba. Meera estaba de pie junto a él, la luz de la luna arrancaba destellos plateados de las púas de la fisga.  —¿Quién eres? —pregun...

55_Tormenta de espadas_Jon V

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  Jon vio que la flecha era negra, pero la emplumadura era de plumas blancas de pato. «No es mía —se dijo—. No es una de las mías.» Pero se sentía como si lo fuera.  Cuando se arrodilló en la nieve junto a ella la muchacha abrió los ojos.  —Jon Nieve —dijo en voz muy baja. Por su sonido la flecha le había perforado un pulmón—. ¿Esto es un castillo de verdad? ¿No una simple torre?  —Sí —contestó Jon cogiéndole la mano.  —Bien —susurró—. Quería ver un castillo de verdad antes de... antes de...  Tormenta de espadas Jon.V

54_Tormenta de espadas_Davos V

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  —Adoraba a falsos dioses —apuntó Devan—, pero por lo demás fue un gran rey y muy valiente en las batallas.  —Es verdad —asintió Edric Tormenta—, pero mi padre era más valiente aún. El Joven Dragón no ganó nunca tres batallas el mismo día.  —¿El tío Robert ganó tres batallas en un día? —La princesa lo miraba con los ojos muy abiertos.  —Fue cuando vino para convocar a sus señores vasallos —dijo el bastardo con un gesto de asentimiento—. Los señores Grandison, Cafferen y Fell planeaban unir sus fuerzas en Refugio Estival y atacar Bastión de Tormentas, pero mi padre se enteró gracias a un informador y enseguida se puso en marcha con sus caballeros y escuderos. A medida que los conspiradores iban llegando a Refugio Estival uno a uno, los fue derrotando por turnos antes de que pudieran reunirse con los otros. Mató a Lord Fell en combate singular y capturó a su hijo Hacha de Plata.  —¿Fue así de verdad? —preguntó Devan a Pylos.  —Ya te he dicho que sí —respo...

53_Tormenta de espadas_Tyrion VI

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  Joffrey llevaba su habitual mueca hosca dibujada en la cara. Cersei lo tenía agarrado por los hombros, aunque tal vez habría hecho mejor en sujetarlo por el cuello. El chico los sorprendió a todos. En vez de arrastrarse hasta debajo de su roca, Joff se levantó, desafiante.  —Hablas mucho de Aerys, abuelo, pero la verdad es que le tenías miedo.   «Vaya, vaya, esto se pone interesante», pensó Tyrion.  Lord Tywin observó a su nieto en silencio, en sus ojos color verde claro brillaban motas doradas.  —Pídele perdón a tu abuelo —dijo Cersei.  —¿Por qué? —preguntó el chico librándose de sus manos—. Es verdad, lo sabe todo el mundo. Mi padre ganó todas las batallas. Mató al príncipe Rhaegar y se hizo con la corona, mientras tu padre, madre, se escondía bajo Roca Casterly. —Lanzó una mirada retadora a su abuelo—. Un rey fuerte se comporta con osadía, no se limita a hablar.  —Gracias por compartir tu sabiduría, Alteza —dijo Lord Tywin con una cortesía tan ...

52_Tormenta de espadas_Arya XI

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 —Mi hermano...  —Muerto —le replicó a gritos—. ¿O piensas que iban a matar a sus hombres para dejarlo a él con vida? —Volvió la cabeza hacia el campamento—. Mira. ¡Que mires, maldita sea!  El campamento se había convertido en un campo de batalla. «No, en un matadero.» Las llamas de las tiendas del banquete se alzaban hasta acariciar el cielo. Algunas tiendas barracón también ardían, así como medio centenar de pabellones de seda. Las espadas cantaban por doquier.  «Sí, ahora las lluvias lloran en sus salones, y ni un alma oírlas puede.» Tormenta de espadas Arya XI

51_Tormenta de espadas_Catelyn VII

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  En aquel momento, el tablero de mesa que el Pequeño Jon había lanzado sobre Robb se movió, y su hijo se incorporó sobre las rodillas. Tenía una flecha en el costado, otra en la pierna y una tercera en el pecho. Lord Walder alzó una mano, y toda la música excepto un tambor cesó al instante. A los oídos de Catelyn llegó el fragor lejano de la batalla, y el aullido salvaje, más cercano, de un lobo.  «Viento Gris», recordó demasiado tarde.  —Je, je —se burló Lord Walder de Robb—. E l Rey en el Norte se levanta. Parece ser que hemos matado a unos cuantos de vuestros hombres, Alteza. Pero os pediré disculpas y asunto arreglado, je, je.  Tormenta de espadas Catelyn VII

50_Tormenta de espadas_Arya X

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  ...de repente tuvieron ante ellos los castillos, el río y los campamentos. Había cientos de caballos y millares de hombres, la mayor parte de los cuales pululaba en torno a tres gigantescas tiendas de festejos que se alzaban juntas frente a las puertas del castillo, como tres enormes salones de lona. Robb había montado su campamento a buena distancia de las murallas, en terrenos más elevados y secos, pero el Forca Verde se había desbordado y había arrastrado incluso algunas tiendas colocadas con menos cuidado.  Allí la música de los castillos sonaba con más fuerza. El sonido de los tambores retumbaba por el campamento. Los músicos del castillo más cercano tocaban una canción diferente a la de los del castillo de la otra orilla, de manera que más que música aquello parecía una batalla.  —No lo hacen nada bien —observó Arya. El Perro emitió un sonido que podía pasar por una carcajada.  —Seguro que alguna vieja sorda en Lannisport se está quejando del ruido. Tenía ent...

49_Tormenta de espadas_Catelyn VI

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  —¡Mi señor! —recordó Catelyn de repente—. Os agradeceríamos de corazón que nos dierais algo de comer. Hemos cabalgado muchas leguas bajo la lluvia.  —Queréis comer, je, je. —La boca de Walder Frey se movía como si tuviera vida propia—. Un trozo de pan, un poco de queso, hasta a lo mejor una salchicha.  —Un poco de vino para pasarlo —dijo Robb—. Y sal.  —Pan y sal. Je, je. Claro, claro. —El anciano dio unas palmadas y varios criados entraron en la estancia. Portaban jarras de vino y bandejas con pan, queso y mantequilla. Lord Walder cogió una copa de tinto, la alzó con una mano llena de manchas y dijo— : Sois mis invitados. Mis honorables huéspedes. Os doy la bienvenida a mi mesa, bajo mi techo.  —Os agradecemos vuestra hospitalidad, mi señor —respondió Robb. Edmure también le dio las gracias, junto con el Gran Jon, Ser Marq Piper y los demás. Bebieron su vino y comieron su pan y su mantequilla. Catelyn probó el vino y mordisqueó un trozo de pan, y se empez...

48_Tormenta de espadas_Jon VI

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  ...¿Se ha avisado a Invernalia? ¿Al rey? —El sudor le corría por la frente. Tuvo que cerrar los ojos un instante.  Grenn y Pyp intercambiaron una mirada extraña.  —No lo sabe.  —Jon —dijo el maestre Aemon— , mientras estabas fuera han pasado muchas cosas, y ninguna buena. Balon Greyjoy volvió a coronarse rey y envió sus barcos contra el norte. Los reyes se multiplican como malas hierbas, hemos enviado peticiones de ayuda a todos, pero ninguno nos la manda. Tienen cosas más urgentes en las que ocupar sus espadas; nosotros estamos demasiado lejos, nos han olvidado. En cuanto a Invernalia... Sé fuerte, Jon... Invernalia ya no existe...  —¿Que ya no existe? —Jon se quedó mirando los ojos blancos y el rostro arrugado de Aemon— . Mis hermanos están en Invernalia. Bran y Rickon...   —Lo siento muchísimo, Jon. —El maestre se llevó una mano a la frente —. Tus hermanos murieron por orden de Theon Greyjoy después de que tomara Invernalia en nombre de su padre. Cu...

47_Tormenta de espadas_Arya IX

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  El Perro soltó un bufido que daba a entender hasta qué punto la creía, pero le entregó una gruesa rodaja de salchicha. Arya la masticó sin dejar de mirarlo.  —No pegué nunca a tu hermana —dijo el Perro— , pero, si me obligas, te daré una paliza. Así que deja de pensar cómo matarme, porque no te va a servir de nada.  No tenía respuesta para aquello. Siguió royendo la salchicha mientras lo miraba con ojos gélidos.  «Dura como la piedra», pensó.  —Al menos tú me miras a la cara. No es poco mérito, pequeña loba. ¿Qué, te gusta ?  —No. Es muy fea y está toda quemada.  —Eres una estúpida . —Clegane le ofreció un trozo de queso pinchado en la punta de la daga— . ¿De qué te serviría escapar? Lo único que conseguirías es que te cogiera alguien peor que yo.   —No —replicó ella—. No hay nadie peor.  —Se ve que no conoces a mi hermano. Tormenta de espadas Arya IX

46_Tormenta de espadas_Samwell III

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  —¿Elí? —llamó—. Elí, lo he matado, lo...  La chica estaba de pie con la espalda contra el arciano y el niño en brazos. Los espectros la rodeaban. Eran doce, veinte, más... Algunos habían sido salvajes, aún vestían pieles... pero la mayoría habían sido sus hermanos. Sam vio a Lark de las Hermanas, a Piesligeros, a Ryles. El quiste del cuello de Chett estaba negro y una fina película de hielo le cubría los forúnculos. Había uno que parecía Hake, aunque no se podía saber bien, ya que le faltaba la mitad de la cabeza. Habían despedazado al pobre caballo y le estaban sacando las entrañas con las manos ensangrentadas. Del vientre le salía un vapor blanquecino.  Sam dejó escapar un quejido gimoteante.  —No es justo...   —Justo. —El cuervo se le posó en el hombro—. Justo, justo, justo. Tormenta de espadas Samwell III

45_Tormenta de espadas_Catelyn V

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—¿De quién es esta tumba? —preguntó Robb examinando el sepulcro.   —Aquí yace Tristifer, el cuarto de su nombre, Rey de los Ríos y las Colinas. —Su padre le había contado una vez su historia—. Su reino se extendía desde el Tridente al Cuello, eso fue miles de años antes de Jenny y de su príncipe, en los tiempos en que los reinos de los primeros hombres caían uno tras otro ante las acometidas de los ándalos. Lo llamaban «Martillo de Justicia». Luchó en cien batallas y venció en noventa y nueve, o eso dicen los bardos, y cuando erigió este castillo era el más fuerte de Poniente. —Puso una mano en el hombro de su hijo—. Murió en su centésima batalla, cuando siete reyes ándalos unieron sus fuerzas contra él. El quinto Tristifer no estuvo a su altura y no tardó en perder el reino, luego el castillo y, por último, el linaje. Con Tristifer el quinto de su nombre murió la Casa Mudd, que había reinado en las tierras de los ríos durante mil años antes de que llegaran los ándalos.  —S...

44_Tormenta de espadas_Jaime VI

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  Las sombras desmontaron de sus caballos espectrales. No hicieron ruido alguno al desenvainar las espadas largas.  —Iba a quemar la ciudad —dijo Jaime—. No quería dejar más que cenizas para Robert.  —Era vuestro rey —dijo Darry.   —Jurasteis protegerlo —dijo Whent.  — Y también a los niños —apuntó el príncipe Lewyn.  — Dejé en vuestras manos a mi esposa y a mis hijos. —El príncipe Rhaegar ardía con luz fría, blanca, roja y oscura alternativamente.  —Jamás pensé que les haría daño . —La luz de la espada de Jaime era cada vez menos brillante—. Yo estaba con el rey...   —Matando al rey —dijo Ser Arthur.  —Cortándole el cuello —dijo el príncipe Lewyn.  — El mismo rey por el que juraste que darías la vida —dijo el Toro Blanco.  Las llamas que recorrían la hoja de la espada se estaban apagando, y Jaime recordó lo que había dicho Cersei. «No.» El terror le atenazó la garganta como un puño. De pronto, la espada se le quedó a oscuras...

43_Tormenta de espadas_Arya VIII

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  —Somos hermanos de leche, no de sangre. Cuando era pequeño mi señora madre no tenía leche, así que Wylla tuvo que amamantarme.  —¿Quién es Wylla? —Arya seguía sin entender.   —La madre de Jon Nieve. ¿No te lo contó nunca? Fue criada nuestra durante muchísimos años. Desde antes de que naciera yo.  —Jon no conoció a su madre; tampoco sabía cómo se llamaba. — Arya miró a Ned con desconfianza—. ¿La conoces de verdad? —«¿Se está burlando de mí?»—. Como sea mentira te arrearé un puñetazo en la nariz.  —Wylla fue mi ama de cría —insistió el muchacho con tono solemne—. Lo juro por el honor de mi Casa.  —¿Tienes una Casa? —Era una pregunta idiota; era escudero, claro que tenía una Casa—. ¿Quién eres?  —Mi señora... —Ned titubeó, avergonzado—. Soy Edric Dayne... Señor de Campoestrella. Tormenta de espadas Arya VIII

42_Tormenta de espadas_Daenerys IV

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         Si aquel tyroshi había ido a espiarlos, aquella declaración podía no ser más que un intento desesperado para salvarse.  —¿Qué dicen de esto Prendahl na Ghezn y Sallor?  — Poca cosa. —Daario volcó el saco y las cabezas de Sallor el Calvo y Prendahl na Ghezn rodaron por las alfombras—. Son mis obsequios para la reina dragón.  Viserion olisqueó la sangre que rezumaba del cuello de Prendahl y lanzó una llamarada que dio de pleno en la cara del muerto, y ennegreció y chamuscó las mejillas cadavéricas. Drogon y Rhaegal se agitaron ante el olor de la carne asada.  —¿Habéis sido vos? —preguntó Dany, asqueada.  —En persona.  Si la presencia de los dragones ponía nervioso a Daario Naharis, lo disimulaba muy bien. Tor menta de espadas Daenerys IV

41_Tormenta de espadas_Jon V

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  Y la muerte se abalanzó sobre ellos.  La luz del rayo había deslumbrado a Jon, pero llegó a vislumbrar la sombra que se lanzaba contra ellos un instante antes de oír el chillido. El primer thenita murió igual que el viejo, con la garganta destrozada. Luego, la luz desapareció y la sombra se convirtió en un remolino que gruñía, y otro hombre cayó en la oscuridad. Se oyeron maldiciones, gritos, aullidos de dolor... Jon vio caer a Forúnculo hacia atrás, derribando a tres hombres que tenía a la espalda.  «Fantasma —pensó durante un instante demencial—. Fantasma ha saltado el Muro. —Luego, el relámpago transformó la noche en día y vio al lobo con las patas sobre el pecho de Del; las fauces chorreaban sangre—. Gris. Es gris.»   Tormenta de espadas Jon.V

40_Tormenta de espadas_Bran III

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  Bran percibió el miedo de Verano en aquel momento de brillo. Cerró los dos ojos, abrió un tercero y se desprendió de su piel de niño como si fuera una capa mientras dejaba atrás la torre...  Y se encontró fuera, bajo la lluvia, con la barriga llena de ciervo, acobardado entre los arbustos mientras el cielo se rompía y rugía sobre él. El olor de las manzanas podridas y las hojas húmedas casi ocultaba el del hombre, pero allí estaba. Oyó el tintineo y el roce de la pieldura; vio a los hombres moverse entre los árboles. Uno que portaba un palo se movía con torpeza, llevaba una piel en la cabeza que lo dejaba ciego y sordo. El lobo dio un rodeo para esquivarlo; se metió entre las ramas chorreantes de un espino y bajo las ramas desnudas de un manzano. Los oía hablar, y allí, por debajo de los olores de lluvia, hojas y caballo, le llegó el hedor agudo, rojo, del miedo... Tormenta de espadas. Bran III

39_Tormenta de espadas_Arya VII

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  —En la colina hueca... No sé, me gustó lo que dijisteis de que erais hombres del rey Robert y también hermanos. Me gustó que juzgarais al Perro. Lord Bolton lo que hacía era cortar cabezas y ahorcar a la gente, y Lord Tywin y Amory igual. Prefiero trabajar como herrero para vosotros.  — Tenemos muchas armaduras que necesitan arreglos, mi señor —le recordó Jack a Lord Beric—. La mayor parte se las cogemos a los muertos, y tienen los agujeros por los que les entró la muerte.  —Tú debes de ser corto de entendederas, chico —dijo Lim—. Somos bandidos. La mayoría somos escoria de baja estofa, menos su señoría, claro. No te creas que esto es como en las canciones del bobo de Tom. No le arrancarás un beso a ninguna princesa ni participarás en un torneo con una armadura robada. Si te unes a nosotros, acabarás colgado de un árbol o con la cabeza en una pica sobre las puertas de cualquier castillo. Tormenta de espadas Arya VII

38_Tormenta de espadas_Tyrion V

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  — Se dice —lo interrumpió Oberyn cambiando de tema con brusquedad— que en el banquete de bodas del Rey se servirán setenta y siete platos.  — ¿Tenéis hambre, mi príncipe?  — Hace mucho tiempo que tengo hambre. Pero no de comida. Decid, por favor, ¿cuándo se servirá la justicia?  — La justicia. —«Sí, claro, por eso ha venido, tendría que habérmelo imaginado»—. ¿Estabais muy unido a vuestra hermana? — De niños, Elia y yo éramos inseparables, como vuestra hermana y vuestro hermano.  «Dioses, espero que no.»  — Las guerras y los matrimonios nos han tenido muy ocupados a todos, príncipe Oberyn. Mucho me temo que nadie ha tenido tiempo para ocuparse de asesinatos cometidos hace dieciséis años, por horribles que fueran. Tormenta de espadas Tyrion V

37_Tormenta de espadas_Jaime V

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  Miró a Jaime sin parpadear, expectante, gélido.  «Ya entiendo.»  —Queréis que os absuelva de toda culpa. Que le diga a mi padre que este muñón no es cosa vuestra. —Jaime se echó a reír—. Mi señor, enviadme con Cersei y cantaré la canción más dulce que podáis imaginar acerca de lo bien que me habéis tratado . —Sabía que era la única respuesta posible; si daba otra, Bolton lo entregaría a la Cabra—. Si tuviera mano, os lo dejaría por escrito. Diría cómo me mutiló el mercenario que mi padre trajo a Poniente y cómo me salvó el noble Lord Bolton. Tormenta de espadas Jaime V

36_Tormenta de espadas_Davos IV

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  —Todo hombre tiene el deber de permanecer leal a su legítimo rey, aunque el señor al que sirve lo traicione —declaró Stannis en un tono que no admitía discusión.  Una insensatez desesperada se apoderó de Davos, una imprudencia cercana a la locura.  — ¿Cómo vos permanecisteis leal al rey Aerys cuando vuestro hermano alzó sus estandartes? —soltó con brusquedad.  Se hizo un silencio tenso.  —¡Traición! —gritó Ser Axell al tiempo que desenvainaba la daga—. ¡Alteza, se atreve a deciros semejantes infamias a la cara!  Davos oyó cómo Stannis rechinaba los dientes. En la frente del Rey palpitaba una vena azul, hinchada. Sus ojos se encontraron.  —Guardad el cuchillo, Ser Axell. Dejadnos a solas. Choque de reyes. Davos IV

35_Tormenta de espadas_Catelyn IV

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  Los siete bajaron a Lord Hoster por la escalera del agua, chapoteando en los escalones a medida que subía el rastrillo. Cuando depositaron el bote en la corriente, Lothar Frey, un hombre corpulento y de carnes blandas, respiraba jadeante. Jason Mallister y Tytos Blackwood, que se ocupaban de la proa, se metieron hasta el pecho en el río para guiar la barca.  Catelyn lo contemplaba todo desde las almenas; esperaba y miraba, como había esperado y mirado tantas veces en el pasado. Abajo, la corriente rápida del Piedra Caída se clavaba como una lanza en el costado del ancho Forca Roja, y sus aguas azules y blancas agitaban el curso rojizo y marrón del río principal. La neblina de la mañana pendía sobre las aguas, tan tenue y sutil como los jirones del recuerdo.  Tormenta de espadas Catelyn IV «Bran y Rickon lo estarán esperando —pensó Catelyn con tristeza—, igual que antes lo esperaba yo.»

34_Tormenta de espadas_Arya VI

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  La fuerza del impacto hizo que saltaran por los aires astillas de madera. Los golpes siguieron cayendo, duros, rápidos, desde abajo, desde arriba, por la derecha, por la izquierda, pero Dondarrion los detuvo todos. Las llamas giraban en torno a su espada, y a su paso dejaban un rastro de fantasmas rojos y amarillos. Cada movimiento de Lord Beric les daba nuevas fuerzas y hacía que ardieran con más brillo, hasta que pareció como si el señor del relámpago estuviera en el centro de una jaula de fuego.  — ¿Es fuego valyrio? —preguntó Arya a Gendry.  — No. Esto es diferente. Esto es...   — ¿Magia? —sugirió ella mientras el Perro retrocedía. Tormenta de espadas Arya VI