50_Tormenta de espadas_Arya X
...de repente tuvieron ante ellos los castillos, el río y los campamentos. Había cientos de caballos y millares de hombres, la mayor parte de los cuales pululaba en torno a tres gigantescas tiendas de festejos que se alzaban juntas frente a las puertas del castillo, como tres enormes salones de lona. Robb había montado su campamento a buena distancia de las murallas, en terrenos más elevados y secos, pero el Forca Verde se había desbordado y había arrastrado incluso algunas tiendas colocadas con menos cuidado.
Allí la música de los castillos sonaba con más fuerza. El sonido de los tambores retumbaba por el campamento. Los músicos del castillo más cercano tocaban una canción diferente a la de los del castillo de la otra orilla, de manera que más que música aquello parecía una batalla.
—No lo hacen nada bien —observó Arya. El Perro emitió un sonido que podía pasar por una carcajada.
—Seguro que alguna vieja sorda en Lannisport se está quejando del ruido. Tenía entendido que a Walder Frey le fallaba ya la vista, pero no sabía que estuviera como una tapia.
Arya habría dado cualquier cosa por que fuera de día. Si hubiera sol y soplara el viento podría ver mejor los estandartes. Habría buscado el lobo huargo de los Stark, o tal vez el hacha de combate de los Cerwyn, o el puño de los Glover. Pero, en la penumbra de la noche, todos los colores se confundían con el gris.
Tormenta de espadas
Arya X
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