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Mostrando entradas de octubre, 2025

18_Tormenta de espadas_Samwell I

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  El miedo que invadió a Sam era el peor que había sentido en toda su vida, y Samwell Tarly conocía todos los tipos de miedo.  —Madre, ten piedad —sollozó, había olvidado a los antiguos dioses en medio del terror—. Padre, protégeme... Oh...  Sus dedos encontraron la daga que llevaba y se cerraron en torno a la empuñadura. Los espectros habían sido lentos y torpes, pero el Otro era ligero como la nieve llevada por el viento. Esquivó con fluidez el hachazo de Paul, su armadura siempre ondulante, describió un arco con la espada de cristal y la clavó entre los aros de hierro de la cota de mallas del hombre, atravesando el cuero, la lana, la carne y el hueso. Le salió por la espalda con un siseo aterrador, y Sam oyó la exclamación de Paul cuando perdió el hacha. El hombretón, empalado y con la sangre humeando en la espada, trató de alcanzar a su asesino con las manos, y casi lo logró antes de caer.  Tormenta de espadas Samwell I

17_Tormenta de espadas_Arya IV

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  »Vi cómo la Montaña mataba a Raymun Darry, de un golpe tan espantoso que a Darry le cortó el brazo por el codo y a la vez mató a su caballo. Gladden Wylde murió allí con él, y a Lord Mallery lo derribaron y se ahogó. Los leones nos rodeaban por todas partes; me di por perdido igual que todos los demás, pero Alyn empezó a gritar órdenes y reorganizó nuestras filas, y los que todavía permanecíamos a caballo nos agrupamos en torno a Thoros y conseguimos abrirnos paso para escapar. Por la mañana éramos ciento veinte, y al anochecer apenas si quedábamos cuarenta. Lord Beric estaba herido de gravedad. Thoros se tuvo que arrancar del pecho un palmo de lanza y echarse vino hirviendo en el agujero.  »Estábamos seguros de que el señor moriría antes del amanecer. Pero Thoros se pasó la noche rezando con él junto al fuego, y cuando volvió a salir el sol, todavía estaba vivo y hasta un poco recuperado. Tuvieron que pasar quince días antes de que pudiera montar a caballo, pero su valor no...

16_Tormenta de espadas_ Sansa II

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  —Alyn dice que la prenda le dio valor —apuntó Megga—. Dice que su nombre era su grito de batalla, qué caballeroso, ¿verdad? Yo quiero tener algún día un campeón que lleve mi prenda y mate a cien hombres.  Elinor le dijo que se callara, pero parecía muy satisfecha.  «Son unas niñas —pensó Sansa—. No son más que chiquillas, hasta Elinor. No han visto nunca una batalla, no han visto morir a un hombre, no saben nada...» Los sueños de aquellas niñas estaban llenos de canciones y de cuentos, igual que lo habían estado los suyos antes de que Joffrey le cortara la cabeza a su padre. Sansa las compadecía. Sansa las envidiaba. Tormenta de espadas Sansa. II

15_Tormenta de espadas_Jon II

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  —Mi señor.. . —Jon tenía la garganta seca—. ¿Qué...?  —No soy tu señor —replicó Mance—. Y no creo que haga falta explicar el «qué». Tus hermanos han muerto. La pregunta es, ¿cuántos eran?  A Jon le palpitaba el rostro; la nieve caía sin cesar. Le costaba mucho pensar... «No importa qué te exijan, no puedes negarte», le había dicho Qhorin. Las palabras se le trababan en la garganta, pero hizo un esfuerzo supremo y las pronunció.  —Éramos trescientos.  —¿Éramos? —restalló Mance.  —Eran. Eran trescientos. —«No importa qué te exijan», le había dicho Qhorin. «Entonces, ¿por qué me siento como un cobarde?»—. Doscientos del Castillo Negro y un centenar más de la Torre Sombría.  —Ésa es una canción mucho más interesante que la que me cantaste en la tienda. —Mance miró a Harma Cabeza de Perro—. ¿Cuántos caballos hemos encontrado? —Más de cien —replicó la mujer corpulenta—. Menos de doscientos. Hay más muertos hacia el este; están cubiertos de nieve, no se...

14_Tormenta de espadas_Catelyn II

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  - . ..Por amarme, Jeyne podría perderlo todo.  —Y tú —señaló en voz baja—, has perdido a los Frey.  La mueca de su hijo lo decía todo. Catelyn entendía ya los gritos furiosos y por qué Perwyn Frey y Martyn Ríos se habían marchado de manera tan precipitada, pisoteando el estandarte de Robb.  —Me da miedo preguntarte cuántas espadas aporta tu esposa, Robb.  —Cincuenta. Una docena de caballeros.  Lo dijo con voz lúgubre, y razones tenía para ello. Cuando se pactó el matrimonio en Los Gemelos, el viejo Lord Walder Frey había enviado a Robb un millar de caballeros montados y casi tres mil de a pie. Tormenta de espadas Catelyn II

13_Tormenta de espadas_Arya II

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  —¿De qué me conoces? —preguntó, desconfiado y con el ceño fruncido—. El hombre desollado... ¿Quién eres, chico, un criado de Lord Sanguijuela?  Por un momento no supo qué responder. Había tenido tantos nombres... tal vez Arya Stark no fue más que un sueño.  —Soy una chica —sollozó—. Fui la copera de Lord Bolton, pero me iba a dejar con la Cabra, así que me escapé con Gendry y con Pastel Caliente. ¡Tienes que reconocerme! Cuando era pequeña me llevabas el poni de las riendas. El hombre abrió los ojos como platos.   —Loados sean los dioses —exclamó con voz ahogada—. ¿Arya Entrelospiés? ¡Suéltala, Lim!  —Me ha roto la nariz. —Lim la dejó caer al suelo sin ceremonias—. Por los siete infiernos, ¿quién es?  —La hija de la Mano. —Harwin hincó una rodilla en el suelo ante ella—. Arya Stark, de Invernalia. Tormenta de espadas Arya II