18_Tormenta de espadas_Samwell I
El miedo que invadió a Sam era el peor que había sentido en toda su vida, y Samwell Tarly conocía todos los tipos de miedo.
—Madre, ten piedad —sollozó, había olvidado a los antiguos dioses en medio del terror—. Padre, protégeme... Oh...
Sus dedos encontraron la daga que llevaba y se cerraron en torno a la empuñadura. Los espectros habían sido lentos y torpes, pero el Otro era ligero como la nieve llevada por el viento. Esquivó con fluidez el hachazo de Paul, su armadura siempre ondulante, describió un arco con la espada de cristal y la clavó entre los aros de hierro de la cota de mallas del hombre, atravesando el cuero, la lana, la carne y el hueso. Le salió por la espalda con un siseo aterrador, y Sam oyó la exclamación de Paul cuando perdió el hacha. El hombretón, empalado y con la sangre humeando en la espada, trató de alcanzar a su asesino con las manos, y casi lo logró antes de caer.
Tormenta de espadas
Samwell I

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