61_Tormenta de espadas_ Sansa V
Cuando se la consiguió soltar la larga cabellera castaño rojiza le cayó sobre los hombros. El entramado de hilo de plata le brilló entre los dedos, las piedras relucían negras a la luz de la luna. «Amatistas negras de Asshai.» Faltaba una. Sansa se acercó la redecilla a los ojos para verlo mejor. Había una mancha negra en la cavidad de plata de la que se había desprendido la gema. De repente le entró pánico, el corazón le golpeó contra las costillas y contuvo la respiración un instante. «¿Por qué tengo tanto miedo? No es más que una amatista, una amatista negra de Asshai, nada más. Tormenta de espadas Sansa. V