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Mostrando entradas de abril, 2026

63_Tormenta de espadas_Davos VI

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  Y sé que un rey protege a su pueblo, de lo contrario no es un rey.  —¿Os estáis burlando de mí? —Stannis tenía el rostro sombrío—. ¿Acaso un contrabandista de cebollas pretende enseñarme cuál es el deber de un rey?  —Si os he ofendido —dijo Davos dejándose caer sobre una rodilla—, cortadme la cabeza. Moriré como he vivido siempre, leal a vos. Pero antes escuchadme. Por las cebollas que os traje y los dedos que me cortasteis, escuchadme.  Stannis, con los tendones del cuello tensos como cuerdas, desenvainó a Dueña de Luz. El brillo de la hoja iluminó la estancia.  —Decid lo que queráis, pero que sea deprisa.  Davos rebuscó entre los pliegues de la capa y sacó el trozo de pergamino arrugado. Era fino y frágil, pero también el único escudo que tenía.  —La Mano del Rey tiene que saber leer y escribir. El maestre Pylos me ha estado enseñando.  Estiró la carta sobre la rodilla y, a la luz de la espada mágica, empezó a leer.  Choque de reyes. Da...

62_Tormenta de espadas_Jaime VII

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  —Vos no tenéis honor. Desenvainad la espada. No quiero que se diga que os maté mientras estabais indefensa.  — Guardad la espada, ser —ordenó Jaime interponiéndose entre ellos.  Ser Loras dio un paso a un lado para esquivarlo.  —¿Sois cobarde, además de asesina, Brienne? ¿Por eso escapasteis, con su sangre en las manos? ¡Desenvainad la espada, mujer!  —Más os vale que no lo haga. —Jaime volvió a cerrarle el paso— . De lo contrario, será vuestro cadáver el que tengamos que retirar. La moza es tan fuerte como Gregor Clegane, aunque no sea tan bonita.  —Esto no os concierne, ser. —Ser Loras lo apartó a un lado.  —Soy el Lord Comandante de la Guardia Real, mocoso arrogante. —Jaime agarró al muchacho con la mano buena y lo zarandeó—. Soy tu comandante, al menos mientras vistas esa capa blanca. Ahora, envaina esa espada de mierda, o te la quitaré y te la meteré hasta un lugar que ni siquiera Renly encontró jamás. Tormenta de espadas Jaime VII

61_Tormenta de espadas_ Sansa V

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  Cuando se la consiguió soltar la larga cabellera castaño rojiza le cayó sobre los hombros. El entramado de hilo de plata le brilló entre los dedos, las piedras relucían negras a la luz de la luna. «Amatistas negras de Asshai.» Faltaba una. Sansa se acercó la redecilla a los ojos para verlo mejor. Había una mancha negra en la cavidad de plata de la que se había desprendido la gema.  De repente le entró pánico, el corazón le golpeó contra las costillas y contuvo la respiración un instante.  «¿Por qué tengo tanto miedo? No es más que una amatista, una amatista negra de Asshai, nada más. Tormenta de espadas Sansa. V

60_Tormenta de espadas_Tyrion VIII

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—¡Se está ahogando! —exclamó la reina Margaery. Su abuela corrió a su lado.  —¡Ayudad al pobre muchacho! —gritó la Reina de Espinas con una voz que era diez veces su estatura—. ¡Imbéciles! ¿Os vais a quedar ahí mirando? ¡Ayudad a vuestro rey! Ser Garlan empujó a Tyrion a un lado y empezó a golpear a Joffrey en la espalda. Ser Osmund Kettleblack le abrió el cuello del jubón. De la garganta del muchacho salió un sonido agudo espantoso, como el de alguien que tratara de sorber todo un río a través de un junco hueco; luego el sonido cesó y el silencio fue aún más espantoso. Tormenta de espadas Tyrion VIII

59_Tormenta de espadas_ Sansa IV

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  —Cuidado, Alteza —avisó Ser Addam Marbrand al rey—. El acero valyrio es peligroso, corta mucho.  —Lo recuerdo. —Joffrey empuñó a Lamento de Viuda con las dos manos y, con todas sus fuerzas, lanzó un tajo contra el libro que Tyrion le acababa de regalar. La gruesa portada de cuero se partió en dos—. ¡Vaya si corta! No es la primera vez que veo acero valyrio. Le hicieron falta una docena de tajos más para partir en dos el grueso tomo. Cuando lo consiguió, el muchacho estaba jadeante. Sansa vio cómo su señor esposo luchaba por contener la ira.  Tormenta de espadas Sansa. IV

58_Tormenta de espadas_Tyrion VII

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  Decidió que Sansa no tenía por qué saber cómo habían destrozado y mutilado el cuerpo de su hermano, ni cómo habían tirado el cadáver desnudo de su madre al Forca Verde en una parodia salvaje de las costumbres funerarias de la Casa Tully. Lo que menos falta le hacía a la chiquilla era más alimento para sus pesadillas.  Pero no fue suficiente. Le había envuelto los hombros con la capa, había jurado protegerla, pero no había sido más que una burla tan cruel como la corona que los Frey habían puesto sobre la cabeza del huargo de Robb Stark después de coserla a su cadáver decapitado. Sansa también lo sabía. Su manera de mirarlo, su rigidez cuando se metía en la cama que compartían... Cuando estaba con ella no podía olvidar ni por un instante quién era y qué era. Ella tampoco. Seguía yendo todas las noches a rezar al bosque de dioses, y Tyrion se preguntaba si no les pediría su muerte. Había perdido su hogar, su lugar en el mundo y a todos aquellos a los que había amado, a todos e...

57_Tormenta de espadas_Daenerys V

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  Todo Meereen parecía estarlo animando; en comparación, los gritos de apoyo de los asediantes parecían pocos y bajos; los Inmaculados, formados en filas, guardaban silencio y observaban con rostros como tallados en piedra. Belwas también parecía de piedra. Estaba de pie, en el camino del caballo, con el chaleco tenso en las anchas espaldas. La lanza de Oznak le apuntaba directa al pecho. La brillante punta de acero centelleaba a la luz del sol.  «Lo va a empalar», pensó... y en ese momento el eunuco giró a un lado. Rápido como un parpadeo, el jinete pasó de largo, empezó a girar y alzó la lanza. Belwas no hizo ademán alguno de atacarlo. Los meereenos de las murallas gritaron todavía más.  —¿Qué está haciendo? —preguntó Dany.  —Quiere ofrecer un buen espectáculo a la turba. Tor menta de espadas Daenerys V