57_Tormenta de espadas_Daenerys V

 


Todo Meereen parecía estarlo animando; en comparación, los gritos de apoyo de los asediantes parecían pocos y bajos; los Inmaculados, formados en filas, guardaban silencio y observaban con rostros como tallados en piedra. Belwas también parecía de piedra. Estaba de pie, en el camino del caballo, con el chaleco tenso en las anchas espaldas. La lanza de Oznak le apuntaba directa al pecho. La brillante punta de acero centelleaba a la luz del sol.

 «Lo va a empalar», pensó... y en ese momento el eunuco giró a un lado. Rápido como un parpadeo, el jinete pasó de largo, empezó a girar y alzó la lanza. Belwas no hizo ademán alguno de atacarlo. Los meereenos de las murallas gritaron todavía más. 

—¿Qué está haciendo? —preguntó Dany. 

—Quiere ofrecer un buen espectáculo a la turba.

Tormenta de espadas

Daenerys V

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