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Mostrando entradas de febrero, 2025

52_Choque de reyes_Sansa IV

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  —¿Por qué sois siempre tan odioso? —Sansa se estrechó los brazos contra el cuerpo. De repente tenía mucho frío—. Yo os estaba dando las gracias...  —Sí, como si fuera uno de esos verdaderos caballeros que tanto te gustan. ¿Para qué crees que sirven los caballeros, niña? Tú piensas que todo es cosa de recibir prendas de las damas y quedar guapo con una armadura chapada en oro. Pero no, los caballeros sirven para matar. Choque de reyes Sansa. IV

51_Choque de reyes_Jon VI

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  —Se echó el pelo a un lado para dejar el cuello al descubierto, y se arrodilló ante él— . Que sea un tajo certero, cuervo, o volveré de entre los muertos para perseguirte.  Garra no era tan larga ni tan pesada como Hielo, el mandoble de su padre, pero era de acero valyrio. Rozó con el filo el punto donde debía asestar el golpe. Ygritte se estremeció.  —Está fría —dijo—. Venga, date prisa.  Alzó a Garra por encima de su cabeza, con las dos manos en torno al puño.  «Un golpe, sólo uno, con todas mis fuerzas.» Al menos podía proporcionarle una muerte rápida y limpia. Era hijo de su padre. ¿Verdad? ¿Verdad?  —Hazlo ya —insistió la chica a los pocos instantes—. Bastardo. Hazlo ya. El valor no me va a durar para siempre. Choque de reyes Jon.VI

50_Choque de reyes_Theon IV.

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  ...Podría haber matado a todos los hombres, podría haber entregado a las mujeres a mis soldados para que se divirtieran, y en vez de eso os he protegido. ¿Así es como me lo agradecéis?  Joseth, que había cuidado de sus caballos; Farlen, que le había enseñado todo lo que sabía sobre los perros; Barth, la esposa del cervecero, la primera mujer con la que se había acostado... Y ninguno lo miraba a los ojos. «Me detestan», comprendió. Hediondo se acercó a él.  —Arráncales la piel —le recomendó... Choque de reyes Theon. IV

49_Choque de reyes_Tyrion XI

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El sonido de los martillos retumbaba en el aire de la mañana, mientras los carpinteros se arremolinaban en las cercanías de la Puerta del Lodazal, tendiendo tablones desde las almenas. Aquello iba bien. Menos satisfecho se sintió al fijarse en la maraña de chamizos y chozas que se habían ido alzando tras los muelles, adhiriéndose a los muros de la ciudad como lapas al casco de un barco; chabolas de pescadores y tenderetes de calderos, almacenes, puestos de venta, cervecerías, y los graneros donde las prostitutas más baratas se abrían de piernas.  «Hay que hacer desaparecer todo eso; todo.» Tal como estaba aquello, Stannis no necesitaría escalerillas para subir por los muros. Llamó a Bronn.  —Reúne a un centenar de hombres y quema todo lo que hay entre la orilla del río y los muros de la ciudad. —Señaló la miseria de los muelles con un movimiento de los dedos regordetes —. No quiero que quede nada, ¿entendido?  —A los dueños no les va a hacer ninguna gracia —dijo el merce...