36_Tormenta de espadas_Davos IV
—Todo hombre tiene el deber de permanecer leal a su legítimo rey, aunque el señor al que sirve lo traicione —declaró Stannis en un tono que no admitía discusión.
Una insensatez desesperada se apoderó de Davos, una imprudencia cercana a la locura.
—¿Cómo vos permanecisteis leal al rey Aerys cuando vuestro hermano alzó sus estandartes? —soltó con brusquedad.
Se hizo un silencio tenso.
—¡Traición! —gritó Ser Axell al tiempo que desenvainaba la daga—. ¡Alteza, se atreve a deciros semejantes infamias a la cara!
Davos oyó cómo Stannis rechinaba los dientes. En la frente del Rey palpitaba una vena azul, hinchada. Sus ojos se encontraron.
—Guardad el cuchillo, Ser Axell. Dejadnos a solas.
Choque de reyes.
Davos IV

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