42_Tormenta de espadas_Daenerys IV
Si aquel tyroshi había ido a espiarlos, aquella declaración podía no ser más que un intento desesperado para salvarse.
—¿Qué dicen de esto Prendahl na Ghezn y Sallor?
—Poca cosa. —Daario volcó el saco y las cabezas de Sallor el Calvo y Prendahl na Ghezn rodaron por las alfombras—. Son mis obsequios para la reina dragón.
Viserion olisqueó la sangre que rezumaba del cuello de Prendahl y lanzó una llamarada que dio de pleno en la cara del muerto, y ennegreció y chamuscó las mejillas cadavéricas. Drogon y Rhaegal se agitaron ante el olor de la carne asada.
—¿Habéis sido vos? —preguntó Dany, asqueada.
—En persona.
Si la presencia de los dragones ponía nervioso a Daario Naharis, lo disimulaba muy bien.
Tormenta de espadas
Daenerys IV

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