67_Tormenta de espadas_Jaime VIII
Cuando vuestros Hermanos Juramentados estén en el patio, entrenándose con la espada y el escudo, vos os podréis entrenar con la cuchara y el tenedor. A Tommen le encantan las tartas de manzana. Tratad de que no se las robe ningún mercenario.
—¿Vos os atrevéis a hablarme así? ¿Vos?
—Tendríais que haber muerto antes de permitir que os arrebataran a Tommen.
—¿Igual que moristeis vos protegiendo a Aerys, ser? —Ser Boros se puso en pie y echó la mano al pomo de la espada—. No pienso tolerar esto, ¡no lo voy a tolerar! Si alguien tiene que dedicarse a probar comida, mejor lo haríais vos. ¿Para qué otra cosa vale un tullido?
—Estoy de acuerdo —dijo Jaime con una sonrisa—. Soy tan incapaz de proteger al rey como vos. De modo que dejad de acariciar esa espada y desenvainadla, veremos qué tal os sirven vuestras dos manos contra la mía.
Tormenta de espadas
Jaime VIII
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