27_Tormenta de espadas_Daenerys III
El humo gris brotaba de sus fauces abiertas, y el largo cuello se curvaba y estiraba mientras lanzaba dentelladas al rostro del esclavista.
«Es hora de cruzar el Tridente», pensó Dany. Dio la vuelta y regresó a lomos de su plata. Sus jinetes de sangre cerraron filas en torno a ella.
—Tenéis problemas —observó. —No quiere venir —dijo Kraznys.
—Hay un motivo. Los dragones no son esclavos.
Y, con todas sus fuerzas, le cruzó la cara con la fusta al traficante. Kraznys gritó y se tambaleó, la sangre le corrió roja por las mejillas y le empapó la barba perfumada. Un golpe de los dedos de la arpía le había destrozado los rasgos, pero Dany no se entretuvo a contemplar la ruina de aquel rostro.
—Drogon —cantó en voz alta con dulzura, todos los temores ya olvidados—. Dracarys.
Tormenta de espadas
Daenerys III

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