28_Tormenta de espadas_ Sansa III
La ceremonia transcurrió como en sueños. Sansa hizo todo lo que se le pidió. Hubo oraciones, votos y cánticos; las velas ardieron con un centenar de lucecillas danzarinas que las lágrimas de sus ojos transformaron en un millar. Por suerte nadie pareció darse cuenta de que estaba llorando allí de pie, envuelta en los colores de su padre; o, si se dieron cuenta, disimularon. Le pareció que el momento del cambio de capas había llegado muy pronto.
Tormenta de espadas
Sansa. III

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