05_Tormenta de espadas_Davos I

 

Dale no le daría nunca a su esposa el hijo por el que habían rezado, y Allard, con su chica en Antigua, su chica en Desembarco del Rey y su chica en Braavos, sólo dejaría atrás mujeres sollozantes. Matthos no sería nunca capitán de una nave propia, como había soñado. Maric no sería nunca armado caballero.

 «¿Cómo puedo vivir si todos ellos han muerto? Han caído tantos caballeros valientes y señores poderosos, hombres de noble cuna, mejores que yo... Métete dentro de tu cueva, Davos. Métete ahí y hazte un ovillo; deja que la nave se vaya y nadie te molestará nunca más. Duerme sobre tu almohada de piedra y deja que las gaviotas te picoteen los ojos mientras los cangrejos te devoran. Se lo debes a ellos, a los que tantas veces has devorado. Escóndete, contrabandista. Escóndete, calla y muere.»

Choque de reyes.

Davos I

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