02_Festín de cuervos_El capitán de los guardias
—Será si nos atacan.
—Claro que nos atacarán, si no quieren volver a ver el reino dividido, como antes de que nos casáramos con los dragones. Me lo dijo mi padre. Dijo que teníamos que darle las gracias al Gnomo por enviarnos a la princesa Myrcella. ¿A que es muy bonita? Cuánto me gustaría tener unos rizos como los suyos. Nació para ser reina, igual que su madre. —Los hoyuelos florecieron en las mejillas de Tyene—. Para mí sería un honor encargarme de los preparativos de la boda, y también de la fabricación de las coronas. Trystane y Myrcella son tan inocentes que les iría muy bien el oro blanco... Con esmeraldas, para que hagan juego con los ojos de ella. Bueno, también valdrían diamantes y perlas; lo importante es que casemos y coronemos a los niños. Luego sólo tendríamos que proclamar a Myrcella la primera de su nombre, reina de los ándalos, los rhoynar y los primeros hombres, heredera legítima de los Siete Reinos de Poniente, y sentarnos a esperar a los leones.
El príncipe soltó un bufido.
—¿Heredera legítima?
—Es mayor que su hermano —le explicó Tyene, como si fuera idiota—. Según la ley, el Trono de Hierro le pertenece.
—Según la ley dorniense.
Festín de cuervos
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