32_Choque de reyes_Sansa III
—Que alguien le dé a la chica algo para taparse —ordenó el Gnomo.
Sandor Clegane se desabrochó la capa y se la tiró. Sansa la estrechó contra su pecho, apretando con todas sus fuerzas la lana blanca. El tejido era basto y le arañaba la piel, pero ningún terciopelo le había parecido jamás tan grato.
—Esa muchacha va a ser tu reina —dijo el Gnomo a Joffrey—. ¿Acaso no te importa su honor?
—La estoy castigando.
—¿Qué crimen ha cometido? Ella no luchó en la batalla de su hermano.
—Tiene la sangre de un lobo.
—Y tú tienes los sesos de un ganso.
—No puedes hablarme así. El rey hace lo que quiere.
—Aerys Targaryen hizo lo que quiso. ¿Te ha contado alguna vez tu madre qué le pasó?
—¡Nadie amenaza a Su Alteza ante la Guardia Real! —rugió Ser Boros.
—No estoy amenazando al rey, Ser —dijo Tyrion Lannister arqueando una ceja—. Estoy educando a mi sobrino. Bronn, Timett, la próxima vez que Ser Boros abra la boca, lo matáis. —El enano sonrió—. Eso sí que era una amenaza. ¿Captáis la diferencia?
Choque de reyes

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