61_Juego de tronos_Daenerys VII

 


 La mujer envolvió la herida de la flecha con un emplasto de hojas húmedas, y se concentró en la herida del pecho, que untó con una pasta color verde claro antes de volver a colocar la piel en su lugar. El khal apretó los dientes y ahogó un grito. La esposa de dios sacó una aguja de plata y una bobina de hilo de seda, y empezó a coser la carne. Cuando terminó, pintó la piel con ungüento rojo, la cubrió con más hojas y envolvió el pecho con un trozo de piel de cordero.


—Deberás recitar las plegarias que te daré, y conservar puesta esta piel de cordero diez días con sus noches —dijo—. Sentirás fiebre, y picores, y cuando estés curado te quedará una gran cicatriz.

 
—Mis cicatrices son gloria, mujer oveja. —Khal Drogo se sentó y sus campanillas tintinearon. Flexionó el brazo, y frunció el ceño.


—No bebas vino, ni la leche de la amapola
—le advirtió—. Sufrirás dolor, pero tu cuerpo debe estar fuerte para combatir a los espíritus venenosos.
 

—Soy el khal —dijo Drogo—. Escupo sobre el dolor, y bebo lo que quiero. Cohollo, dame mi chaleco.

 

Juego de tronos

Daenerys. VII

 

 

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