63_Tormenta de espadas_Davos VI

 

Y sé que un rey protege a su pueblo, de lo contrario no es un rey. 

—¿Os estáis burlando de mí? —Stannis tenía el rostro sombrío—. ¿Acaso un contrabandista de cebollas pretende enseñarme cuál es el deber de un rey?

 —Si os he ofendido —dijo Davos dejándose caer sobre una rodilla—, cortadme la cabeza. Moriré como he vivido siempre, leal a vos. Pero antes escuchadme. Por las cebollas que os traje y los dedos que me cortasteis, escuchadme.

 Stannis, con los tendones del cuello tensos como cuerdas, desenvainó a Dueña de Luz. El brillo de la hoja iluminó la estancia. 

—Decid lo que queráis, pero que sea deprisa. 

Davos rebuscó entre los pliegues de la capa y sacó el trozo de pergamino arrugado. Era fino y frágil, pero también el único escudo que tenía. 

—La Mano del Rey tiene que saber leer y escribir. El maestre Pylos me ha estado enseñando. 

Estiró la carta sobre la rodilla y, a la luz de la espada mágica, empezó a leer. 

Choque de reyes.


Davos VI

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