40_Choque de reyes_Daenerys III
Y la Hermandad de la Turmalina le entregó una corona labrada en forma de dragón tricéfalo: los cuerpos enroscados eran de oro amarillo; las alas, de plata, y las cabezas estaban talladas en jade, marfil y ónice.
La corona fue la única ofrenda que quiso conservar. El resto lo vendió todo, para reunir el oro que había desperdiciado con los Sangrepura. Xaro quería que vendiera también la corona; le juraba que los Trece se encargarían de que tuviera otra mucho mejor, pero Dany lo prohibió.
—Viserys vendió la corona de mi madre, y todos lo llamaron mendigo. Yo conservaré ésta, y todos me llamarán reina.
Y así lo hizo, aunque pesaba tanto que hacía que le doliera el cuello.
«Pero, con corona o sin ella, sigo siendo una mendiga —pensó Dany—. La mendiga más esplendorosa del mundo, pero mendiga al fin y al cabo. — Detestaba sentirse así, igual que debía de haberle pasado a su hermano—. Tantos años de huir de ciudad en ciudad, un paso por delante de los cuchillos del Usurpador, siempre suplicando ayuda a arcontes, príncipes y magísteres, siempre pagando la comida con adulaciones... Seguro que sabía cuánto se burlaban de él. No es de extrañar que estuviera siempre furioso y amargado. — Y al final, aquello lo había vuelto loco—. A mí me pasará lo mismo si lo permito.
Choque de reyes
Daenerys.III

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